No es otro, ¡Soy yo!

No son voluntades distintas.
No es el bien y el mal.

¡Soy yo!
¡Soy Él!

Y me libera,
porque quiero liberación.
Me sana,
porque quiero sanarme.
Acrecienta mi confianza,
porque quiero confiar.
Revela mi pecado
porque quiero cambiar.

Me da libertad,
porque mis ataduras me han dañado.
Me da sencillez,
porque no quiero aparentar.

No es otro, ¡Soy yo!

En mi espejo,
su rostro.
En mis palabras,
su evangelio.
En mis obras,
sus milagros.
En mi camino,
sus sandalias.

No es otro, ¡es El Señor!
Revelado e inconfundible.

Vive en mi vida,
feliz en mi alegría,
triste en mi preocupación.

No es otro, ¡es El Maestro!

Acompaña mis errores,
me invita a superarlos.
No evita mi enfermedad,
me llena de paciencia y fortaleza.

No es otro, ¡eres tú, Señor!

En mi espejo,
tu rostro.
En mis palabras,
tu evangelio.
En mis obras,
tus milagros.
En mi camino,
tus sandalias.

No es otro, ¡es Jesucristo!
que se parte y comparte.
Eucaristía viviente.
Milagro en la Humanidad.

© Francisco Díaz

Imagen tomada de Internet

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