Un regalo inesperado

29 de Agosto 2010.
XXII Domingo Ordinario, Ciclo C.
Evangelio:  Lucas 14, 1.7-14.
Los primeros asientos.

Mi papá hacía viajes fuera del pueblo por asuntos comerciales o de la Iglesia.  Su ausencia duraba dos o tres días.  

A su regreso, en algunas ocasiones, dejaba las maletas en el sillón y nos saludaba.  De repente, sin siquiera sospechar, nos sorprendia con un regalo, ya sea, escondiéndolo en algún lugar e indicándonos que lo buscáramos, o al voltear, nos encontrábamos con el nuevo juguete.  En realidad no nos interesaba mucho qué era, pero siempre  nos causaba gran alegría. No le podíamos retribuir.  Supongo que él tampoco esperaba algo a cambio, pues ya estaba satisfecho.
 
Jesús en el evangelio, observa a los invitados a una cena.  Al verlos tan preocupados por ocupar los primeros puestos con los “poderosos”, da una lección: “Cuando alguien te invite a un banquete de bodas, no escojas el mejor lugar”.  Esta actitud produce libertad  y  tranquilidad.  Todas las personas que se desviven por ser siempre los escuchados, los siempre invitados, los más importantes, terminan regularmente con problemas de nervios y sin conocerse.  Dejan de ser lo que son por estar siempre en  la lista de invitados.  Dejan de platicar con sus amigos, por complacer y aumentar el ego de los dueños. A los que invitan a una boda, les dice más adelante “Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos”.  ¿para qué rodearte de gente petulante?  ¿para qué llenar tu casa de personas que habla sin sentido?  ¿para qué abrir tu puerta para que ingresen actores sociales?  ¿por qué dejar que adulen tu lujo y comida?  Se puede aplicar el viejo refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”.Mejor invita a gente que tiene por familiar la humildad, la sencillez de vida, la sinceridad.  Llenate del asombro y ojos nuevos de la gente del barrio.  ¿Acaso no prefieres platicar diez minutos con los viejos sabios de las aldeas, a derramar tres horas de palabras vacias con los que son más en la sociedad?
Las actitudes que Jesús propone son la libertad y gratuidad.  
  • Libertad pues no existe la preocupación de hacerse notar.  De esta manera se es libre toda pretensión  de convencer que soy digno de tal puesto, por lo tanto, superior a los demás.  No pactar con esta actitud de orgullo, nos lleva a la alegría que brota del sentirse bien con lo que se es y se tiene.  Por lo tanto, toda invitación, en este caso a ocupar uno de los primeros puestos, sin que nosotros lo busquemos, es ganancia.
  • Gratuidad, pues doy sin esperar algo a cambio.  Ofrecer un regalo,  para tener la simple satisfacción de compartir.  Y si en dado caso alguien tiene un gesto de cercanía o amistad, también es ganancia. 
En este sentido, me pregunto: ¿A quién le regalo sin esperar a cambio?  ¿Qué pretenciones de grandeza tengo? ¿Qué tan indispensable me siento? ¿Merecedor de qué lugares de honor reclamo?  
 Pidamos que nuestra vida sea un constante esperar ese regalo inesperado, esa invitación de honor y ese dar de corazón.
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