8 meses y 15 días

yo

Yo, con sombrero.

Fue un 30 de Agosto. Serví de enfermero y tuve tus primeros segundos de vida en mis manos. Tu madre los tuvo 8 meses y 15 días en su vientre.

 Esa mañana, fría y con lluvia, me prometía un viaje largo y cansado de la cabecera de Huehuetenango al bello y único Soloma. Sabía que mis ojos, aún con los oleajes oscuros de la noche contrastados con el sol que amanece, se posarían en la belleza natural de los Cuchumatanes. Los caminos serpenteantes, con precipicios realmente peligrosos, serían testigos silenciosos de mis pensamientos: “cuándo vendrá… faltan pocos días… cómo será verlo en los primeros segundos de su vida, luego de su permanencia en el vientre de su ma…”. Sin embargo, un acontecimiento súbito cambió totalmente mi perspectiva… amanecía, sí, y con la entrada de las horas mañaneras, Astrid, madre primeriza, con 19 años, me comunicó que sentía algunas manifestaciones en su vientre… “creo que ya viene”, dijo, con voz pausada y segura. Nos aseguramos desde temprano una revisión con el médico. El Dr. Batres, dispuso una placas de rayos x… luego de leerlas afirmó: “No hay problema, será un parto normal… prepárense porque será hoy mismo”. Las horas transcurrían presurosas. Tus abuelas, Cándida y Estela, ya lo sabes, también nerviosas y emocionadas…

 El caso es que a medio día, ingresada tu ma en el Sanatorio, el Dr. Batres dijo… “tengo ausencia de enfermera, de tal cuenta que usted ahora me auxiliará en el parto…” y a partir de las 2 de la tarde, con los “dolores del alumbramiento y respiraciones acompasadas de tu ma”, viniste al mundo. Vi cómo paulatinamente abandonaste tu nido materno y con el primer lloriqueo, segundos apenas, estuviste en mis manos y ante las instrucciones del médico, fui limpiando tu rostro y cuerpecito… dormiste plácidamente desde ese momento y ya cambiado con la ropa que preparamos, pudiste ser presentado a toda la familia. La inquietud de todo el mundo por saber el nombre y la satisfacción de tu padre cuando informaba “su nombres es Francisco como el mío y Ricardo como su abuelo”. Desde los primeros días te prendiste a los pechos de tu ma y vimos cómo, al pasar el tiempo, tu cabecita tenía poco pelo que ocasionó que tu abuelita te dijera “cocolicho”, en referencia al “cocoliso” de la caricatura.

Eso fue el 30 de agosto de 1982. Han pasado los años. Tu ma y yo estamos, como el primer momento de nuestra relación matrimonial, juntos, en la batalla de la vida y con la mirada en el horizonte, al lado de tus tres hermanos que se sucedieron con una historia particular de su vida. Mis manos después de estos años, siguen siendo las mismas… cansadas y con señales dejadas por el tiempo en su paso inexorable.

Con esas mismas manos, hoy, hijo, te bendigo.

 Tu pa.

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