¿Qué somos?

19 de Septiembre 2010.
XXV Domingo Ordinario, Ciclo C.
Evangelio según San Lucas 16, 1-13
El administrador astuto

Despertó más cansado que de costumbre. Sus hijos, rostros extraños cuya estampa era renovada cada fin de año cuando era inevitable recibir el abrazo y los deseos de feliz navidad, estaban presentes.

Todos estaban a su alrededor. Incluso el que había prometido nunca más molestarle o hacerle perder el tiempo, como cuando le contó años atrás que planeaba casarse.

Entonces retrocedió en el tiempo. Se desprendió de su cuerpo y sin el respirador artificial viajó a su juventud. Se vio siempre ausente en los juegos con sus hermanos, pues tenía que trabajar. Escuchó los regaños de su mamá por llegar tarde a cenar. Los consejos de papá de cuidar su salud resonaron nuevamente en su cabeza.

Encontró a la joven bella que fue su esposa y que todos decían que debía tener. Fue lo único que lo hizo perder tiempo en su negocio, pero valió la pena, pues disminuyeron las pláticas y bromas con su familia.

Cuando nació su primer hijo, fue la única vez que llegó al hospital. Las dos veces siguientes, mandó a su mensajero con un ramo de flores. Su casa se había convertido en hotel. Pocas veces cruzaba palabra con su esposa, pues llegaba cansado y con mil cuentas en la cabeza. ¿Sus hijos? Los pequeños se acostumbraron a la benigna respuesta de mamá al reclamar su presencia: “tu papá está muy ocupado”.

Lo que recordó con exactitud fueron los pagos de la universidad.

Nunca se sintió sólo, pues su esposa, había encontrado la forma de hacerle compañía, hasta que la enfermedad le ganó. Ella había sufrido dos años de doloroso tratamiento y él era el único sin saberlo.

Cuando suspiró, se dio cuenta que toda su vida se había gastado en las cuentas. Que sus sueños giraban en torno a el plazo fijo. Que las fechas más importantes para él eran el cierre de la bolsa de valores y no los cumpleaños de sus hijos. Que prefirió ir a cenas con empresarios, que contarle cuentos y velar el sueño de sus pequeños. Que cuando aprendieron a conducir, lo único que les pudo decir a sus hijos es “cuánto quieren para la gasolina”.

Al final, estuvo rodeado de su familia.

En el Evangelio, Jesús termina con dos frases opuestas: “Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro”. Y más adelante termina: “No se puede servir a Dios y al Dinero”.

Servir, se puede interpretar como “trabajar para alguien como sirviente”. Nosotros podemos vivir así el servicio si seguimos lo que no es eterno generador de vida. Si servimos al dinero, a lo sumo llegaremos a ser bancos. Si somos sirvientes de los bienes materiales, viviremos distraídos siempre.

¿Qué hemos hecho toda nuestra vida? ¿Dónde hemos pasado nuestros días? ¿A quiénes hemos servido?

Si somos felices, sin duda hemos servido a Dios, del cual solo podemos recibir bendiciones. Si no habita en nuestra morada la buena intención y llenura de corazón, nos hemos distraído.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en San Lucas y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a ¿Qué somos?

  1. Anonymous dijo:

    bonita comparación..

    Me gusta

¡Gracias por dejar tu comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.