¿Obligación o necesidad?

17 de Octubre de 2010
XXIX Domingo Ordinario, Ciclo C
Evangelio según San Lucas, 18, 1-8
Orar siempre sin desanimarse

¿Cuántas horas rezas al día?

¿Qué clase de oración haces?

¿Vas a misa los domingos?

¿Vas a los rosarios?

¿Rezas antes de comer?

¿Vas a la adoración eucarística?

¿Das gracias a Dios antes de dormir?

Al leer estas preguntas, ¿cómo te sentiste?  Es posible que no quieras volver a leerlas.  Puede que sientas culpa de no poder responder un rotundo SI.  Incluso puede que te cause risa.  Risa provocada por el nerviosismo de saber que has dejado de hacer algo que es bueno.

Algunos de los argumentos que usamos ante estas preguntas son: hago lo que puedo, no me queda tiempo, el trabajo no me lo permite, siempre trato de ayudar, etc.

En el Evangelio, Jesús enseña por medio de una parábola lo importante de orar siempre, sin que el desánimo les gane.

En ocasiones, cuando sentimos que algo nos agota necesitamos un respiro.  El trabajo en una empresa, en colegio, en parroquia, puede que nos fatigue.  Ojeras, tensión, dolor de espalda, problemas estomacales, ansiedad, etc.  Estas labores, en cierto sentido, las realizamos de manera obligada.  En el mejor de los casos podemos disfrutar de cierta parte de nuestro trabajo, pero no siempre estamos con ánimo para dar el cien por ciento.  Nos desanimamos y nos frustramos cuando las cosas no salen bien o cuando el jefe no nos reconoce nuestra labor.

Esas y otras situaciones nos “desaniman”.  El trabajo que realizamos y las funciones que debemos hacer para conseguir los recursos económicos para mantener un  hogar, una obra, una institución, nos agota y cansa.

¿La oración nos cansa?  ¿Puede la oración convertirse en una carga o una imposición?  ¿Por qué nos cuesta tanto orar?

Un principio para reflexionar sobre nuestra oración podría ser: ¿necesitamos orar?

De ser sí la respuesta, todo cambia.  Entonces ya no es imposición ni una labor más en la agenda.  Se convierte entonces en un espacio de encuentro con Dios.  Dios que es vida, esperanza, discernimiento y paz.

No podemos entonces vivir tratando de responder las preguntas arriba mencionadas.  Pues de ser un simple sí, indica que somos cumplidores de obligaciones.  Pero aquel que ha encontrado en la oración, un espacio de reavivar la fe y la caridad, busca, desea, hace espacio en sus obligaciones, para poder reconfortarse en el diálogo con el Dios de Jesús.

De esta manera la oración deja de ser carga.

Preguntémonos si la oración es para nosotros una tarea o actividad más, o significa un espacio que nos revela nuestro propio ser, iluminado ante la presencia de Dios.

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