Dejarse ver

31 de Octubre de 2010
XXXI Domingo Ordinario, Ciclo C
Evangelio según San Lucas, 19, 1-19
Zaqueo

No durmió toda la noche. Le contaron que era distinto a todos los que hablaban de Dios, pues los fariseos al verlo le recordaban que él era un pecador. Toda la gente que asistía a la Sinagoga no se asomaba para nada a su casa. Solamente se acercaban a él para pagarle los impuestos y proferirle insultos.

Supo por su mujer que Jesús iba a entrar en su ciudad, y posiblemente pasaría frente a su casa. Pensó toda la noche cómo hacer para verle. Le llamaba la atención conocer al hijo del carpintero, que proclamaba el perdón. Quería ver a aquel que dijo “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. ¿Será que puede conversar conmigo? ¿Será que puede perdonarme? ¿Será que soy digno de estrecharle la mano?.

Amaneció. Se levantó más temprano de que costumbre y se puso a esperar. Casi dormido a media mañana, escuchó el bullicio de una multitud. Vio niños y ancianos. Hombres y mujeres que acompañaban a Jesús por Jericó. Inmediatamente se levantó y vió a la multitud. Divisó a Jesús en medio de ellos, pero era tanta la gente que le rodeaba que supuso imposible acercarse. Sabía incluso que si le veían en la puerta de su casa, podría correr peligro, pues recordó que era el que traicionaba a sus propios paisanos por favorecer al imperio romano, y que su riqueza era fruto del dinero mal habido de muchos de ellos.

No lo pensó mucho y se trepó al primer árbol que encontró frente a su casa. Trato de que nadie le viera. Al pasar Jesús, clava su mirada en sus ojos. Zaqueo se siente descubierto. Trata de apartar la mirada, pues no se siente digno, pero no pudo. Escuchó a Jesús decirle “Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa”.

No dudo un instante. A él le hablaba. Bajó del árbol y lo llevó a su hogar.

El evangelio no cuenta la conversación que tuvo Zaqueo con Jesús, pero si del propósito de Zaqueo: “Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más”.

Pidamos a Dios que al igual que Zaqueo, nos dejemos ver por Jesús, para que reconociendo nuestras debilidades y pecados, podamos conversar con él y cambiar aquello que nos ha hecho no acercanos a Dios y a nuestros hermanos.

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