Carta abierta a Facundo Cabral

facundo

Te mataron Facundo.

Con esa noticia desperté. “Hoy es un nuevo día” fue la primera frase que imaginé balbuceaste al hacer tus maletas y subirte al carro blanco.

Seguramente te llevaste algún recuerdo de Xela o Tikal, tierras que en varias ocasiones dijiste apreciar. Te interesaba la cultura Maya por su sabiduría y forma de ver la vida.

Ya de viaje al aeropuerto suspiraste para despedirte del país de la Eterna Primavera y darle los buenos días a la Nicaragua Nicaragüita. Nuevo escenario, nueva oportunidad, nuevo día. “No te preocupes del pasado, cada día tiene su propio afán“, fue seguramente la frase con la que te preparabas para dejar a tus hermanos y encontrarte con otros.

Tres vehículos; uno a cada lado y uno al frente para impedir el paso.  ¿Qué pensaste Facundo?  ¿Tuviste miedo?  ¿Estabas tranquilo?  ¿Te preocupaste por tu seguridad o  por la del piloto?

Escuchaste ruido. Disparos dirigidos hacia tu cuerpo, hacia tu humanidad a la que agradecías siempre por permitirte disfrutar de un amanecer, un abrazo, una conversación, un buen café.  ¿Gritaste?  ¿Dijiste algo?

Seguramente las ráfagas disparadas con odio y cobardía fueron escandalosas pues como bien dijiste “el mal es muy ruidoso a pesar de ser minoria.  El bien es mayoría pero es silencioso.  Por cada bomba que explota y destruye hay miles de caricias que construyen“.

A las 5:20 de la mañana te encontraste con la muerte, la que te permitió pasar “al otro lado” para hacer la mudanza.

Cuando despertaste viste a Jesús, tu hermano mayor, el que te enseñó que todos somos hijos de un Rey y por lo tanto todos somos príncipes.

Le compusiste una milonga a Dios, al que tantas veces incluiste en tus acordes y le cantaste tus esperanzas y sueños.  Despertaste y te diste cuenta que estabas en otro lugar, en el cual no hay puertas que dividan.

Viste a Sara, el ser que Dios te dio como madre y te enseñó que no hay que usar agenda pues lo importante de la vida lo recuerda el corazón.  Viste a tu padre, que se hizo tu amigo cuando ya eras adulto, perdonándole el haberte abandonado pequeño.

Cuando empezaste a cantar aparecieron tu esposa e hija que perdiste en el avión que se desplomó en el mar. Madre Teresa de Calcuta te recibió con un abrazo.  La misma Madre Teresa que al verte destrozado por la pérdida de tu familia te preguntó ¿dónde vas a poner el amor que te sobra? y sin dudar te invitó a bañar leprosos en Calcuta y que eso como dijiste en varias ocasiones “te devolvió la vida“.

Me imagino que te alegraste y compusiste algún verso al ver la estación de bomberos a la que te llevaron.

¿Qué estás cantando?  ¿Cuánta gente está alrededor tuya oyéndote hablar de tus experiencias?

Mientras tanto, me quedo con tus canciones y videos que tengo en mi memoria.

Y como te mataron en mi país, Guatemala, ofrezco perdón a Sara por asesinar a su hijo cobardemente.  Ofrezco perdón a Argentina por arrebatarle de forma inesperada a un ciudadano nacido en La Plata.  Ofrezco perdón a la humanidad por impedir que Facundo nos siguiera recordando que todos somos hermanos.

De esta forma te digo un hasta pronto recordando que “el bien es mayoría“.

©Francisco Díaz

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3 respuestas a Carta abierta a Facundo Cabral

  1. Anonymous dijo:

    Gracias por este canto a la vida que no termina.

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  2. Víctor dijo:

    Bello escrito hermano, no había tenido ocasión de leerlo, ánimo en tu vocación, muchos saludos de tu otra tierra, Nicaragua.

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