Crónica de un reencuentro de amor

He aquí la “Crónica de un reencuentro de amor”.  Nosotros, esa generación joven, hogareña y querida; por la herencia familiar del beso de las buenas noches y de las alegrías pequeñas, damos fe de estas palabras, y autorizamos al viento a que propague y lleve a cada corazón dispuesto estos nobles sentimientos.

Por: Victoriano Díaz

Seis corazones multiplicados en más corazones, seis almas unidas por el amor, convergieron en una solariega estancia bañada por el sol, acariciada por el viento, elogiada por la cúspide de los pinos verdes, frescos, solemnes y esplendorosos…

Seis corazones formados en el mismo nido, fruto de un inmenso amor de dos seres que se amaron hasta el momento en que fueron reclamados por el autor de lo tangible e intangible…

Cándida Luz y Ricardo Díaz

Desde los inicios del día, cada alma amante hacía las otras cinco esencias multiplicadas en maravillosos vástagos, prepararon sus aperos, abrieron su corazón y fortalecieron sus brazos para estrechar en sus anhelantes pechos, a cada ser querido, fragmento de esos dos seres que por su amor les dieron vida, aliento, firmeza de espíritu y vocación intrínseca de servicio, inquietud por descubrir los misterios de la propia vida y sumisión hacia El Alfa y El Omega, encarnado en el humilde carpintero de Galilea que predicó con el ejemplo, la humildad y la entereza, de aquel que siendo Dios se sometió a los rigores de la incomprensión, aquel que desechó los ofrecimientos de la tentación, aquel que labró la madera con sus manos santas, aquel que caminó por escabrosos caminos con sus pies descalzos, sangrantes, dolidos; de aquel que cargó su madero para abrir los brazos y eternizarse, no por vanidad, sino por amor hacia los futuros tiempos y perdonó a sus verdugos porque no sabían lo que hacían…

De tierras muy lejanas llegaron dos almas, sus sentimientos que volaron en las alas de esos pájaros gigantes, fueron muchas medidas de longitud para el reencuentro, dos almas siempre amorosamente dispuestas y benevolentes, de espíritu fuerte, consoladoras de dolores, de penas y desencantos. Dos almas cuya presencia sin decir palabra erradican la tristeza, la melancolía y las heridas del mundo, este páramo impredecible e inconsecuente, páramo convertido en un confeti con las confesiones de amor y hermandad, este páramo convertido en vergel cuando nuestra sien reposa en el pecho amante de la hermana grande, de la segunda madre, de esa alma vencedora de otras culturas, de otras costumbres, de otras naciones, de otros cielos y de otros horizontes. Es la caminante de inmensas distancias, es la caminante a quien no se le agota el amor. Es la misma sanadora de pretéritos sufrimientos, ella calmó golpes y curó heridas, es quien cobijó y alimentó a las almas pequeñas de perentorias necesidades cuando los autores de cada existencia se ausentaron en busca de salud… Esa estampa está grabada en cada mente…Esa estampa es imposible de olvidar, aún si transcurren muchos, muchos años…imborrables, aún se conozcan otros mundos con su respectivo cielo…

En los exteriores del recinto sagrado, las nubes, viento y sol de Sumpango se detenían para observar la confesión abierta, la expresión espontánea del amor que cada quien se tiene; ese Sumpango inolvidable será el marco de referencia para recordar siempre las palabras que quien dijo, sus ojos se inundaron de lágrimas, lágrimas de contento, lágrimas dulces, atípicas de su natural sabor…

La perla, el ángel, el poseedor de la nobleza fue presentado por el segundo hermano en la cronología de arribo a este mundo ¡Oh expresiones tan llenas de amor y honor al referirse al autor de los días de cada alma allí presente! ¡Oh sencillez para matizar recuerdos! ¡Oh claridad y memoria de privilegio en la conjugación de los verbos del pasado al presente!… Al observarle y escuchar sus palabras, este corazón palpitaba de forma acelerada, nuestros ojos se humedecían y las manos nos temblaban…

Los alimentos cariñosamente preparados no sólo nutrieron el cuerpo, por extensión fueron a posarse en nuestras esencias intangibles, allí donde encuentran cobijo las palabras del Nazareno con su mandamiento: Amaos los unos a los otros como yo os he amado… quienes tengan ojos que vean, quienes tengan oídos que oigan, y nosotros agregamos: quienes tengan corazón que sientan…

Maravilloso ver al grupo, hijos, hijas, cuñadas, sobrinos, es decir el amor de Ricardo y Cándida hoy está multiplicado.

Nuestra hermana Rosa Aidé reveló el secreto de su argolla lucida por doquier. Argolla otorgada con maternal sentimiento por nuestra madre, acto de supremo juicio. Hecho honrado por Rosita, prenda poseedora de la brillantez del fino metal, prenda de perenne simbolismo, de superlativa significancia.

Cándida Luz se adelantó con sabiduría al amor que sentimos por esa noble criatura, espejo del cielo en el mar de nuestra existencia. Brillo que llega al infinito, al aposento preparado por Jesús, prometido en los momentos cruciales de su prédica… Allá donde eternamente moran los autores de esta prole multiplicada cuyos vástagos en tercera generación alivian el dolor a través de la ciencia médica, la jurisprudencia, la administración de empresas, la docencia proletaria, la tecnología de punta, la prédica desde un púlpito o en odontología ¡Milagro en erradicar el dolor! ¡Manos guiadas por el maestro Jesús!

Yo, dijo Enrique, con la venía de ustedes, lloraré, este corazón es chillón “¡Llorá hermano!”… ! “! Se escuchó en coro!” Nuestro llanto es de alegría, vengan esas lágrimas, este momento es inolvidable!” Ricardo citó la prédica de la concepción que tienen del amor San Pablo y San Agustín…

Francisco, el anfitrión, celebró el reencuentro de los seis errantes, de cada peregrino que día a día se enfrenta a lo desconocido, a lo impredecible, a los retos que deben superarse, sin el afán de cosechar aplausos, más bien aceptar los éxitos con la humildad de quien tiene en su corazón la doctrina del maestro, aquel divino ser convertido en hombre, de ropas raídas, de quien pidió agua a la samaritana, mujer perteneciente a doctrina diferente, aquel confesor de no tener una piedra donde recostar su cabeza, sin embargo le dio la vista a los ciegos e hizo caminar a los inválidos, aquel que no condenó a una Magdalena acusada por la turba de cola machucada… “Ni yo te condenó” le dijo, vete y no peques más….

Prudencia, contagiada de la emoción, reveló la satisfacción de atender al hombre ilustre, agobiado por el cansancio del trabajo, el clima frío del pueblo no fue obstáculo para proporcionarle agua caliente y que lavara su rostro afectado por el desvelo, porque este HOMBRE, además del trabajo agotador de la noche, le dedicada largas horas a la lectura.

Anita, Ricardo, Victoriano, Enrique, Prudencia y Francisco 

Ricardo Bullock dijo que tuvo que recorrer muchos kilómetros, llegar a una comunidad humilde para encontrarse con un hombre de pensamiento claro, de cultura general, del don de la palabra, practicante de la sincera amistad y dueño de un talento creador: Poeta, escritor, compositor, orador y servidor de la comunidad. Comunicador social, comunicador telegráfico, dueño de la llave de la seguridad del Estado. Predicador de la santa palabra. Fe inquebrantable. En su palabra surgía una sentencia: Quien no adora a Dios, no es nadie. Defensor de su fe ante filosofías adversas. Nunca se dio por vencido, aún en las páginas de los periódicos. ¡Sí, un ser fuera de serie! ¡Sí, un gran padre! ¡Sí un gran ciudadano! ¡Sí, un ejemplo a seguir! ¡Sí, un ser que existe en cada uno de sus hijos! ¡Sí, un hombre realizado al lado de su gran amor! Esa madre con sus brazos cubiertos de jabón quien lavó este pecho, al mismo tiempo que lavó el propio corazón, esa madre a quien en las horas de mis constantes insomnios, le hablo y le dijo que volvería a las polvorientas calles de mi pueblo, a mis montañas, a mis ríos, para que lave nuevamente este golpeado corazón, volvería a ser niño para recibir sus palabras de guía espiritual, volvería ver su rostro y su amplia sonrisa leyendo mis versos escritos en las hojas de papel periódico…locuras de futuro trasnochador…

En la expresión de quien hilvana estos recortes del amoroso reencuentro, la emoción aprisionó alma y corazón, pero no por poseer la capacidad del llanto, encontré reposo en la sien de nuestra primera hermana, nuestra hermana mayor y en ese contacto se disipó la opresión, un nudo que se forma en la garganta, ese nudo que en mi soledad de desahogó, las plasmo en un papel o en la pantalla de un computador, facilitador de la escritura y cada vez que estoy frente a esta máquina, me preguntó, ¿Ricardo Díaz González que diría?  Mi pregunta encuentra inmediata repuesta: No sería obstáculo, la manipularía para plasmar su pensamiento y convertir en verso una escena observada en cualquier sitio, en escribir la letra de una canción, para escribir un discurso para la representativa de la sociedad en una noche de coronación…! Sí, Ricardo Díaz se convertiría en un amigo, como siempre lo fue, de la tecnología!

Los minutos transcurrieron, se grabó en el plasma de las cámaras fotográficas al grupo de los seis corazones cobijados en diferentes cielos, se prodigaron los últimos abrazos, se expresaron palabras de cariño: ¡Hermano te quiero mucho! ¡Hermana te quiero mucho! ¡Hermano te voy a visitar al pueblo donde vives! ¡Hermano quiero estar en tu casa! ¡Hermana quiero estar su casa! ¿Quién dijo que soy pobre?

¡No! Eso es mentira, ni soy pobre ni peregrino… Ni en la amplia estepa del camino ancho y ajeno del mundo caminan solos mis pasos. Sé que en alguna parte del universo se está pensando en mí y yo en ellos…

Primeros viajeros en partir, 270 kilómetros por recorrer, maletas, maletines, bolsas, abrigos, panes, una anona, zapotes, todo acondicionado, la parrilla o armazón en la parte exterior del vehículo firmemente afianzada ¿Qué contienen? La pregunta se queda flotando, ellos saben la respuesta muy suya, muy íntima muy de ellos…Los últimos abrazos y el vehículo se pierde de nuestra vida, deja una pequeña nube de polvo, siguen una ruta, hay un hogar que les espera, vendrán otras emociones. Nos dejan triste el corazón. La vida continúa, la misión se debe de cumplir… Nuestra otra Rosita los conduce a su hogar…vendrán caldos de mostazas, frutas frescas, palabras de cariño, atención esmerada, sobrinos menudos esperan un beso, un abrazo que sin duda lo obtendrán…

Otras comitivas enfilaron su retorno hacia sus hogares, la carretera los absorbió; Paquito, Astrid e Ivone regresarán más tarde. La luz del sol aún tiene intenciones de permanecer, el recinto del reencuentro guarda las voces, las sonrisas, las lágrimas y las huellas de los peregrinos quienes bajo su techo recibieron la bondad de la hospitalidad…

Heme aquí “garabateando” las secuencia de un reencuentro donde privó el amor y gratos recuerdos de los años infantiles en donde los entretenimientos a hurtadillas eran cortar manzanas de terrenos ajenos, donde La Cayetana nos corría con leños y nos lanzaba la jauría de perros. A mis hermanas, hermanos, cuñadas, hijos, sobrinas, sobrinas políticas si tienen la paciencia de darle lectura a estas línea, desde ya pido su dispensa por distraerles de su tiempo ¿Qué otra cosa puedo darles? Solamente esto nacido del corazón en homenaje de quienes en su tiempo sellaron su amor con un beso y su sangre se multiplicó….

Sumpango-Guatemala 19 de febrero 2012

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