¿Cuál sería tu verdad?

El primer informe del Ministerio Público contabilizó 6 personas asesinadas el 4 de octubre en Totonicapán, Guatemala, durante un enfrentamiento entre militares y cientos de pobladores de la zona que manifestaban su descontento por el alza de las tarifas eléctricas.

A partir de ese lamentable y repudiable suceso, inició una batalla mediática que puso en evidencia los muy distintos puntos de vista de la población nacional e internacional.

No faltaron argumentos y cuestionamientos de todo tipo.  Unos decían que los militares al verse faltos de instrucciones claras ante la situación que parecía salirse de control, actuaron de la forma correcta; repeler el ataque y disparar a matar.  Otros analizaban si debía permitirse o no que los pueblos indígenas protestaran para reclamar y defender sus derechos violentados.  Y algunos trataban de entender este trágico suceso como una muestra más de las políticas y líneas generales del gobierno de turno.

Las posturas aparecieron.  Las condenas y comunicados iniciaron su gira por los muros de Facebook y blogs personales.   De esa manera los amigos y seguidores se dividieron en dos, tres o cuatro grupos.

Han pasado casi dos semanas y pareciera que no bastó ver las fotos del enfrentamiento entre los uniformados y la población civil, sino que la batalla se trasladó a los diarios digitales, que a falta de armas y el encuentro personal, columnistas y lectores se situaron en la protesta y represión online.  Aquí agradezco que no exista una aplicación de “disparar” una bala a un perfil o usuario.  ¡Cuántas notificaciones tendrían unos de otros!

Los nuevos informes van y vienen y las opiniones siguen demostrando que incluso entre vecinos pensamos distinto. Por eso echo de menos a aquellos que eran capaces de proclamar las verdades en los acontecimientos más dolorosos y confusos. Ellos, proponían analizar la realidad desde la defensa de la dignidad del paisano por encima de cualquier ideología y enemistad. También recordaban que el hecho de vestir un uniforme distinto, no significa que dejemos de ser hermanos, pues al vernos cara a cara, nos reconoceríamos en el otro. Incluso hubo alguien, que frente a los que poseían las armas, les pidió, suplicó y ordenó, no matar.

La sociedad, la política y la economía obligaron a nuestros paisanos y hermanos a enfrentarse. 6 murieron y otros van a la cárcel.  Mientras tanto sigo leyendo opiniones incendiarias y muchas más que tratan de ofrecer palabras que conduzcan a la conciliación de ideas. ¿Cuál sería tu verdad?

©Francisco Díaz

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