De regreso a la tierra

Después de 90 minutos y al llegar a los 39.068 metros de altura, Felix Baumgartner dejó el globo en el que ascendió y se lanzó de regreso a la tierra, alcanzando una velocidad de 1.173 kilómetros por hora en 40 segundos, estableciendo nuevos records por ser el primer humano en romper la barrera del sonido y ascender al punto más alto tripulando un globo.

Para ser sincero, necesitaría entender primero el significado de “romper” la barrera del sonido y la relación que existe entre la aerodinámica y la menor resistencia del aire en la estratósfera. De igual manera, con seguridad quedaría asombrado de la precisión y valentía del paracaidista que efectuó el lanzamiento propuesto por Red Bull Stratos.

Obviamente durante los dos años que tardó el proyecto en concretizarse, el equipo multidisciplinario a cargo contó con recursos y equipos suficientes, que les permitieron vencer y solucionar uno a uno los retos y dificultades que se presentaron, usando más el ingenio que la tecnología.

Lo que llama mi atención particularmente es que hay cosas, que sin experiencia suficiente, se pueden hacer bien y estar orgullosos de los resultados. Superando mi asombro y curiosidad por saber de qué se trataba la heroicidad de Baumgartner –apellido del cual dudo si lo puedo pronunciar correctamente-, imaginé la dedicación, análisis, seriedad, responsabilidad y entrega de los científicos, ingenieros, pilotos, y todos los implicados en este lanzamiento. Incluso, me atrevo a decir, que hasta el repartidor de pizzas tuvo que ser puntual y ordenado en las entregas.

Por eso quisiera que la alegría y satisfacción de ser testigo de algo que se hace bien fuera más cercano a mi realidad y menos estratosférico. Por ejemplo; sentirme orgulloso de profesores que despiertan en el estudiante el deseo y pasión por aprender. Escuchar que los policías inspiran confianza y que están al servicio de la población. Leer que los diputados llegan a trabajar los días y horas que les toca, y que son capaces de lograr consensos que benefician al país en general. Que al subirme a una ruta, pueda ir de un lado a otro con la tranquilidad que ofrece el buen trato, y que pueda cruzarme las calles sin el temor de ser atropellado. ¿Es mucho pedir?

Baumgartner demostró que los imposibles no existen y que el ser humano tiene la suficiente capacidad de hacer realidad sus sueños. Ahora toca que nosotros trabajemos con entusiasmo en nuestros proyectos individuales y que como sociedad nos digamos los unos a los otros que con esfuerzo y compromiso nada está fuera de nuestras posibilidades.

©Francisco Díaz

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