Escuchar a los Presidentes

conversarNo son pocos los Presidentes que tienen un espacio en algún medio de comunicación que procura promover el diálogo directo con el pueblo municipal bajo y espeso.  Algunos usan las redes sociales para interactuar con sus seguidores.  Otros dicen presente en la televisión, radio y espacios on line que permiten la web 2.0.  Son muy pocos los que in situ escuchan los comentarios, propuestas y reclamos de los pobladores de las comunidades a las cuales se deben.

 Recuerdo que en Guatemala el presidente Álvaro Colom (2008-2012) tuvo un programa radial llamado Despacho Presidencial, en un intento de copiar el modelo de comunicación política realizada por el presidente de Venezuela Hugo Chávez y de Ecuador Rafael Correa.  Vale mencionar también el caso de Nicaragua, en el cual son notables los maratónicos y coloridos espectáculos de Daniel Ortega.

 En El Salvador, el Presidente Mauricio Funes no quiso ser la excepción.  El pasado sábado 8 de diciembre llegó a la transmisión número 21 del programa radial “Conversando con el Presidente”, que pretende crear un espacio de comunicación con el pueblo Salvadoreño por medio de llamadas gratuitas que son grabadas durante toda la semana.

 Los temas que se abordan, según la información colocada en la web oficial del programa, son de interés nacional, además de dar cuentas de la labor de los funcionarios y programas de gobierno que se ejecutan con los impuestos del pueblo, y muchos de ellos con préstamos a organismos internacionales, que al fin de cuentas, se pagarán de la misma bolsa ciudadana.

Por motivos académicos me di a la tarea de escuchar al menos 14 programas, incluyendo las reacciones de las partes políticas y sindicatos que eran felicitados o “regañados” durante la alocución presidencial. 

 Por ello, como buen radioescucha y comunicador, me permito comentar algunos aspectos positivos y no tanto del programa.

 ¿Conversación vs Monólogo? 

No existe tal conversación.  El periodista Daniel Hernández que tendría que dirigir y motivar el diálogo, tiene una presencia nula, dedicándose a duras penas a leer la cartelera de actividades nacionales, diciendo que van a escuchar llamadas y dando la hora un par de veces.  Tal y como se desempeña Hernández, creo que sería mejor dejar a Funes hablar todo el tiempo, haciendo que el programa nazca y sea bautizado tal y como parece que ha sido engendrado por el formato actual: Monólogo Presidencial.

 ¿Llamadas en vivo?

Las llamadas que se escuchan durante el programa en vivo, son comentarios o quejas que fueron grabadas durante la semana.  Según los datos estadísticos del programa, son alrededor de 600 mensajes por semana, de los cuales, un promedio de 8 son escuchados durante el conversatorio-monólogo.  ¿Quién las elije?  Funes remarca que las llamadas que no son escuchadas durante el programa, son atendidas por un equipo de “secretarios” que las agrupan por temas y las hacen llegar a los respectivos ministros.  Si Funes no conversa con la población, y si no hay llamadas en vivo sino grabaciones seleccionadas, entonces el programa no es necesario y bastaría con un buzón de quejas y sugerencias  para cada ministro de gobierno.

De cualquier manera, exponerse a los comentarios y preguntas en vivo del pueblo no hace sino demostrar la tolerancia y apertura del funcionario público en cuestión.

 ¿Quién resuelve los problemas?

Temas van y vienen y en el aire se detienen.  Y es que las preguntas y reclamos son tantos y de tan diversa índole que pareciera que el Presidente es omnipresente y que tiene todas las soluciones en sus manos. 

He de reconocer que Funes tiene una memoria y retórica genial que le permite responder con lujo de detalles, cifras y estadísticas a las interrogantes grabadas de la población.  Tal facilidad y don de la palabra, estoy seguro que es envidiada por otros presidentes que no pasan de la jerga militar mal entonada.  Pero lo ideal, en el caso de Funes,  sería que junto al periodista se conversara con un ministro cada sábado, para que pudiera dar una respuesta y solución más sensata y creíble a las llamadas en vivo y a los mensajes publicados en las redes sociales. 

 ¿Sirve de algo el programa?

La idea y nombre del espacio radial me parece en todo acertado si se respetara su formato.  Pero no sirve de nada si no tiene un alto índice de efectividad.  De no ser así, el programa sirve de válvula de escape y de posicionamiento del Presidente a título individual.  Chávez en  Venezuela, tenía el programa televisivo Aló Presidente, en el cual parecía que toda solución debía ser escuchada, procesada, discernida y solucionada por él mismo, haciendo de menos al equipo de personas y profesionales puestos para tal fin.  Entonces se pueden tener 6 horas de programa y no se llega a definir soluciones con los pies en la tierra.

 ¿Puntualidad?

Ningún programa ha iniciado y finalizado a la hora planificada.  Así como el Presidente puede iniciar con 20 minutos de retraso, así finaliza una hora después.  En realidad no tengo problemas con escuchar 2 horas a Funes, pero quisiera que tanto el formato y horario sea preciso y respetado.

No sé cuántos programas faltan, pero ni Funes ni el periodista pueden pecar ignorancia en estos temas.

©Francisco Díaz

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