¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!

Al ser la Navidad y Año Nuevo una época importante, al igual que otras celebraciones señaladas en el calendario social y religioso, merece la pena compartir algunas reflexiones personales que nos puedan motivar a no dejar pasar desapercibidos estos días y tratar de que la celebración valga la pena.

Celebrar la Navidad y el Año Nuevo siempre ha sido un momento del año que he esperado con emoción, incluso cuando conforme fui creciendo dejaron de regalarme juguetes y empecé a recibir calcetines y agendas.

¿Navidad = comprar?

El fin de año se asocia indefectiblemente a la navidad y año nuevo, momento en el cual los centros comerciales hacen gala de la ya deformada imagen de Papa Noel y lo ponen en el mostrador con regalos de todos tamaños invitándonos a tener en nuestro arbolito obsequios para nuestros seres queridos.  ¿Es malo comprar y regalar en navidad? ¿Comprarme algo que siempre he querido es ser consumista?  Yo creo que no.  Si alguien quiere comprarle a su mamá una loción o a un hermano un celular o artículo personal, me parece que es una buena oportunidad para hacerlo.  Y si un grupo de amigos quiere ir a la playa a asolearse y bailar, y gastarse los ahorros –si es que son ahorros en realidad- estos días de vacaciones y fiestas son una buena ocasión.  Por eso no me parece asertivo condenar y señalar a aquellos que están gastando su dinero en el centro comercial, pues en principio si le voy a regalar algo a una persona, creería que eso significa que hay algo de afecto o agradecimiento de por medio y por ello se hace una inversión económica.  Además en estos días de crisis global, recibir un presente es evidencia suficiente de afecto de una persona hacia otra.

De tal manera que no me parece fuera de lugar comprar algo, pues no podemos escapar de nuestra coyuntura social y pregonar que no nos gusta recibir y regalar en navidad.  Lo que considero un error garrafal es pensar que la Navidad se acaba con el Santa Claus del comercio.  Pensar que celebramos Navidad cuando regalamos, eso sí es ser consumistas.  De razonar así, podemos comprarle la loción más cara a un familiar, pero no significa que le demos un abrazo sincero o que venga el perdón que todos desean. ¡Qué fácil navidad!  En estos casos, regalar no es suficiente, y entonces el regalo se convierte en compromiso social y no en un gesto que debe ir acompañado de afecto.  Por ello, el hecho de comprar regalos para todos mis familiares no significa en absoluto que tenga el espíritu navideño, y entonces me convierto en una cifra estadística más que tiene el espíritu comercial.

No olvidemos que el simple hecho de asociar única y exclusivamente la Navidad con regalos, es pregonar el egoísmo y la división de clases sociales a granel, pues significaría que la gente pobre no tendría derecho a decir Feliz Navidad.  En estos casos siempre he envidiado el estudio de mercado y estrategias de los empresarios por imponer en nuestros cerebros las ideas fuerza del consumo, pues queda claro que así como masifican el egoísmo, de igual manera se podría proclamar la solidaridad y el compartir en navidad para que en todos los hogares las familias pobres tengan una taza con café caliente esa noche, y en todas las demás.

No es suficiente…

Si comprar un regalo no agota el espíritu navideño, tenemos que buscar acciones que nos involucren integralmente a tal celebración.

¿Se ha perdido el espíritu navideño?  Considero que hemos ocultado o parcializado el sentido de la navidad.  Y puede ser que no sea culpa nuestra pues los centros comerciales hacen una labor de marketing extraordinaria y nos convierten en conformistas al ser consumistas.  Pero puede ser que la venida de aquellos familiares o amigos que están en otros países y continentes, aquellos hermanos lejanos que hacen lo imposible por venir a pasar con nosotros las fiestas, traigan y despierten con su abrazo lleno de afecto el sentimiento necesario para ser dignos de celebrar la navidad.  Un hermano, padre, tío, abuelo o amigo, que a falta de oportunidades en el país tuvo que emigrar, y que regresa años después con gran alegría por estar en su tierra y compensar los abrazos a sus seres queridos, puede ser que ese sentimiento se convierta en una guía que nos indique el verdadero sentido que debe predominar en el fin de año.

Expresar ese afecto a nuestros seres queridos nos humaniza y nos sitúa a nosotros como el centro de las celebraciones.  Entonces el comercio deja de ser lo principal y se convierte en una de las formas disponibles para reforzar nuestra gratitud por ese encuentro amoroso que fortalece y anima a sonreír.  Un abrazo sincero y caluroso puede ser mucho más efectivo que diez regalos fríos con descuento del 40%.

¡Qué difícil decir Feliz Navidad!

En el ambiente religioso, Navidad nos recuerda el nacimiento de un niño pobre en un establo, demostrando así su debilidad y humanidad sin reservas, con el objetivo de que todos puedan acercarse a él y alegrarse por la vida que inicia.

Ese nacimiento estuvo rodeado de gente pobre, quienes nos recuerdan que tenemos vecinos que pasarán una Navidad ahogada en preocupaciones y problemas de todo tipo.  También los trabajadores, que no a pocos les negarán el permiso y pasarán las 12 de la noche frente a una caja registradora.  Y ese nacimiento también nos recuerda que hay algunos Herodes, que mostrarán desprecio y odio a sus semejantes.

Es importante que como sociedad reconozcamos al otro y seamos capaces de nombrarle como nuestro hermano, sin importar el credo o espacio geográfico que ocupe.  Por ello debemos pensar en aquellos países en los cuales la tristeza y muerte serán las palabras dominantes en este fin de año.  Así como un nacimiento alegra e ilumina un hogar, así la muerte de un semejante debe provocar en nosotros el más enérgico repudio público.   Si nuestro arbolito va a tener luces, lo ideal sería que nosotros nos convirtiéramos en esa luz en medio de tanta tristeza e injusticia.

En Navidad tenemos que animarnos a pedir como regalo algo más que un simple celular o artículo personal, y atrevernos a ir más allá de lo que el descuento pone a nuestro alcance.  Si con un poco de esfuerzo podemos tener aquello que hemos deseado durante algún tiempo, lo mismo sería si de regalo de navidad cientos de miles pidiéramos justicia y paz en nuestro país y en todo el mundo.

Pese a todos los males sociales, es urgente celebrar y atreverse a decir Feliz Navidad, pues de esa forma iremos más allá del simple consumo.  Decir Feliz Navidad es celebrar y aventurarnos a vivir la vida, la cual está minada por falta de oportunidades laborales y poco acceso a una educación pública de calidad.  Desear Feliz Navidad es querer que en todas las familias el hambre no les apague el ánimo de reír y de luchar por salir adelante día a día.  Por eso es urgente celebrar la Navidad y desear Paz y Prosperidad en el Año Nuevo. 

Pareciera que existen suficientes excusas para no festejar, pero puede ser que tengamos que demostrar con mucha más fuerza nuestra esperanza y solidaridad para que valga la pena el fin de año.  Que los jóvenes lideren esa praxis parece fundamental y existen múltiples opciones, desde sumarse a un voluntariado que lleve alegría a los viejitos de los asilos, llevar piñatas y tocar guitarra con los niños de la calle, hasta preocuparse por el indigente del barrio que pasará la Navidad sin alguien con quien conversar.

De tal manera que desear Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo, significa que tenemos la fortaleza y esperanza necesaria para hacer todo lo posible porque así sea.

©Francisco Díaz

Publicado por Plaza Pública el 15 de diciembre: http://www.plazapublica.com.gt/content/feliz-navidad-y-prospero-ano-nuevo

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