Canción para un mártir

Canción para un mártir

No entiendo cuando dicen que está muerto,
si aún su voz se escucha en el misterio
de la fragancia limpia de los cerros,
y en medio de la milpa y del incienso.

Supongo que no debo preguntarme
por qué, si ha fallecido, no lo entierran,
por qué sigue gritándome al oído,
por qué me vuelve duros los caminos.

Pregunto por qué, si amó, le desgarraron sus vestidos,
y lo elevaron a las cumbres del suplicio.
Es como si la tierra le arrebatara la vida,
para verlo en el futuro renacer.

Lo veo en el encanto de los llanos;
donde sembró semilla, arando heridas.
Lo veo caminando por los pueblos,
gritando como voz en el desierto.

Lo veo acariciando a los desvelos,
desvelos que alimentan su cerebro.
De sol a sol mirar hacia los cielos,
lo siento como ruego en el silencio.

Le escucho; por más que quieran taparme los oídos,
siento su vida derramada por los siglos.
Demuestra su sotana que la noche entre más negra,
avisa que vendrá el amanecer.

Letra por Carlos Serpas, arreglos por Julio Herrera. Cantada y tocada por el grupo salvadoreño Yolocamba i Ta.

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