María, mi amor

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Platicando con Jorge Isaacs en el parque de Cali, Colombia.

Conocí a María cuando me la presentó Jorge.  Fue durante las clases de literatura del Lic. Bracamonte.  Yo tenía 14 años.  

La veía.  Sentí que me sonreía con malicia.  Esa tarde intercambiamos frases y pensamientos suficientes para visualizar una larga temporada juntos.  En realidad tuve miedo que Jorge decidiera apartarla de mi lado, pero conseguí que tal relación durara más de lo que yo mismo pudiera imaginar, aunque me advirtió que en algún momento mis lágrimas por ella brotarían.

Transcurrió el tiempo y los vientos cambiaron.  Ella seguía contándome su vida y yo tratando de no perder detalle alguno; que tuvo una vida hermosa en el valle, que su madre murió cuando ella tenía pocos años y que su papá sintió que era de mala fama criarla a su estilo.  Que otra familia le recibió y que con el tiempo se enamoró de Efraín.  Que le escribía cartas a su amor lejano y que en el mapa contaba con sus dedos la distancia entre Europa y Colombia.  Que estaba enferma y que la fuerza le abandonaba día a día ante las ausentes noticias de una fecha de reencuentro.  Que antes de partir cortó sus trenzas y se las dejó a Efraín para que él pudiera decirles que la amaba y que la amaría siempre.

Lloré con ella.  Sentí rabia e impotencia con Efraín, pues el destino les impidió construir una casa para atender a enfermos pobres sin cobrarles, felicidad que no estaría completa hasta tener en sus regazos a muñecos de carne y hueso, mitad María, mitad Efraín.

Han pasado 16 años desde que conocí a María.

Ayer fui a la hacienda El Paraíso y me pareció ver a María regando las flores con sus pies descalzos y lanzar una mirada tímida que ruborizaría a cualquiera.  Entré a su cuarto y al asomarme al balcón pude ver el cielo esperanzado que le decía que el reencuentro sería dulce a sabiendas de su concreción imposible.

Me pareció ver a María cortando rosas para colocarlas en el cuarto Efraín, y que al hacerlo su falda rozaba las cortinas del cuarto, siendo eso motivo suficiente para recuperar su presencia en los sueños graciosos.

También fui a su tumba.  Su nombre tallado en mármol parece dejar claro que a pesar del clima y maleza del lugar, será difícil borrar su historia.

Hoy, pareciera que Efraín sigue escribiéndole cartas.  Lo bueno es que pude platicar con Jorge en el parque de Cali, continuando la conversa en su  hacienda El Paraíso, y entendí que María sigue recibiendo cartas de amor cuando pienso en Laura, Andrea, Lucia, Suyen, Paty, María Camila, Mónica, María Fernanda, Claudia, Carolina, Gabriela, Kathya y Lorena, y que Efraín sigue sufriendo cuando platico con Luis, Carlos, Roberto, Pedro, Antonio, Pablo y Eduardo, y que cien historias de amor siguen contándose y viviéndose como la de María.

© Francisco Díaz

Viaje a Cali

De Cali tomé el bus a Buga, pues era el lugar en el cual tenía apartado el hospedaje.  De Buga tomé un bus hacía Palmira y me bajé en Amaime, donde hice negocio con un taxista para que nos llevara a la hacienda El Paraíso, lugar en el cual vivió Jorge Isaacs y cuyos paisajes y locación se usaron para escribir y grabar la novela “María”.  Después de visitar la Hacienda, me dirigí al Parque y al Cementerio de Santa Elena, lugar donde está enterrada María.

Les comparto el video de mi visita a la Hacienda El Paraíso.

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Película “María”, grabada en la Hacienda El Paraíso.

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