Carta de un joven a San Ignacio de Loyola

Querido Nacho:

Espero que no te moleste que no te diga San Ignacio o Iñigo, aunque pensar en decirte Eneko[i] te confieso me da un poco de risa.

Desde hace rato quiero escribirte pues me han llegado las cartas que me has enviado por medio del Víctor Codina y Libanio.  Me alegró recibirlas y leerlas.

Pues decirte que a pesar de transcurridos algunos cuantos siglos, las cosas que vos viviste y las que yo estoy viviendo no son tan diferentes. 

Te cuento que en ocasiones quisiera tener un hogar en el cual pueda acudir a mi papá cuando tenga problemas, o buscar a mi mamá cuando necesite consejos.  Pero sucede que los dos salen muy temprano al trabajo y los veo un rato por la noche cuando llegan muy cansados y en ocasiones de mal humor.  Dicen que tienen que trabajar incluso los fines de semana pues de no ser así no podrían pagarme mis estudios.  Fijate que a pesar del esfuerzo que hacen mis viejos, prefiero pasar hambre a medio día que gastar el dinero que me dan.  Sé que tus papás murieron cuando eras joven; tu mamá cuando tenías 6 años y tu papá 10 años después.  ¿Te hicieron falta?

Tengo unos amigos que preferirían haber nacido en otro hogar, pues el que tienen es un infierno.  Uno de ellos me contó que su papá se la pasa tomando cerveza y pegándole a su mamá.  Otro me dijo que cuando su papá los abandonó, la mamá tuvo que conseguir tres trabajos para ponerles al menos un plato de comida al día sobre la mesa.

Pero en fin.  Trato de portarme bien, aunque es difícil pues la verdad, quisiera experimentar lo que veo en la televisión y lo que mis otros amigos hacen.  La vez pasada me mandaron un mensaje para que saliera a la esquina en la noche.  No le dije a mis papás pues con seguridad no me iban a dar permiso.  Llegué donde ellos y vi que estaban fumando.  El olor era demasiado fuerte.  Así conocí la droga. 

Al inicio éramos solo amigos hombres, pero después llegaron varias amigas del barrio que eran menores que yo.  Recuerdo que una vez después de fumar varias veces, un amigo empezó a tocar a una de ellas, y como no se dejaba le pegó en el estómago y le pateó en la cara.  Ahh… y qué decirte de la pornografía que está a nuestro alcance tan solo con un click.  En realidad se me hace difícil dejar a mi grupo, pues son los únicos amigos que tengo.  Sé que puede no gustarte esto que te cuento, pero es parte de lo que he vivido y no quiero ocultártelo porque estoy seguro que me comprenderás pues supe que eras dado las vanidades del mundo y que te metías en pleitos por las muchachas.  ¿Qué puedo hacer para dejar las malas influencias?

Varias veces, en las noches, me pongo a pensar sobre mi futuro; si seré una buena persona, si conseguiré una buena esposa, si tendré hijos.  Si los tengo quisiera ser un buen padre y que ellos sean buenos hijos. 

Mi familia me dice que con esfuerzo y dedicación podría conseguir un buen trabajo y salir adelante en la vida.  Pero es que la verdad no les creo, pues a los que les va bien en mi barrio, son aquellos que se dedican a vender droga o robar en los semáforos.  Fijate que la señora que sale a vender dulces y galletas a la esquina, no le alcanza ni para comprarse una sombrilla, y los pandilleros solo tienen que extorsionar a las farmacias y buseros, y se compran ropa nueva y tenis de marca.  Por eso me dan ganas de dejar de estudiar y ser un joven más, uno del montón en mi barrio. 

Cada día que pasa es una lucha constante para no abandonar todo en lo que creo.  ¡Qué difícil ser fuerte!  Pero me consuela saber que cuando una bala de cañón te quebró la pierna, fue porque no quisiste rendirte en la batalla, y que tus enemigos reconocieron que fuiste valiente y que luchaste hasta el final a pesar de que la mayoría corrió cobardemente.  ¿Cómo hago para seguir luchando y ser valiente?

Hay una palabra que usan tus compañeros, y es la palabra MAGIS.  Creo que significa algo así como dar lo mejor o buscar siempre ser más para servir mejor.  Sea lo que sea, me gusta pensar que siempre hay algo más, pues la mayoría de profesores siempre me dice que soy un inútil, que ojalá se me quite lo tonto con los años, que no saben cómo pude ganar los años anteriores.  Eso sin contarte que en mi casa parece que le creen más a los profesores que a mí. 

No me dejan decirles que cuando voy a estudiar tengo que caminar con miedo pues la semana pasada por robarle el celular a un amigo, el ladrón le disparó en la cara y lo mató.  Que estudiar con hambre no es fácil, pues no puedo concentrarme y no tengo energía para hacer tareas.  Además, estoy usando los cuadernos del año pasado porque no pude comprar otros nuevos.  Así que Nacho, mi MAGIS significa levantarme todos los días y tener esperanza en que el futuro será mejor, que tengo que hacer el esfuerzo por estudiar, que a pesar del miedo no puedo dejarme derrotar por las pandillas que me amenazan. 

Te soy sincero.  Sueño un día estudiar una carrera y graduarme de la Universidad para ayudar a la gente pobre de mi barrio.  Quiero aprender mucho para enseñar a todos los que necesiten.  Quiero ser fuerte para soportar en mis espaldas tanta noticia asesina que leo en los periódicos.  Sé que es difícil crecer en una sociedad donde a los jóvenes no se les tiene confianza, y por eso cada día me levanto pensando en dar lo mejor que tengo y que soy.

Como ya te tengo confianza, pues me contaste que cuando fuiste a estudiar se reían de vos y te decían loco, te comparto una inquietud que tengo desde hace varios meses.  Lo que pasa es que me invitaron a la Iglesia.  Fue un amigo que está en un grupo que se reúne todos los sábados y hacen actividades en asilos.  Me gusta todo ese rollo.  Pero es que cuando sale el cura de la Iglesia, me mira como si yo fuera un maleante.  Puede ser que sea por los pantalones flojos y camisas que uso. 

Un día, acompañé a mi tía a unas confirmaciones, y ni bien habíamos entrado a la Iglesia, el obispo empezó a regañarnos y a decir que si no nos convertimos, iremos al infierno.  ¡Qué loco!  Y al salir pasamos a la par, y ni nos saludó.  Por otro lado, me ha gustado ver a un compañero tuyo que siempre anda sonriendo y hablando claro y pelado sobre temas que me interesan como valorar a los ancianos, respetar a todos los seres humanos, orar por los migrantes que han muerto, y que nosotros, los jóvenes, nos atrevamos a ir contracorriente y ser rebeldes.  He visto que siempre está rodeado de gente y que tiene tiempo para platicar y tomarse fotos.  No entiendo bien qué hace o qué es, pero anda vestido de blanco y vive en Roma, en el Vaticano. 

Otra cosa que me incomoda es que los políticos se aprovechen del pueblo.  Vienen cada tantos años y prometen y prometen.  Y los que han llegado a ocupar cargos, se olvidan que nacieron en el otro barrio.  Esos ladrones y corruptos son lo peor que tiene mi país.  Una vez fuimos con mis amigos a una marcha para protestar porque un diputado se robó el dinero que estaba presupuestado para construir dos salones de clase de la escuela primaria de mi barrio.  Estuvimos tres días frente al Congreso con pancartas, ¿sabes qué pasó?, pues que salió el diputado con un montón de policías alrededor, y dijo que el dinero ya lo había depositado en la cuenta que debía, y que fue un error del asistente.  Construyeron los dos salones de clase, pero le faltan los pupitres, ahh, y también se les olvidó construir un baño.  ¡Desgraciados vaa! 

Bueno Nacho.  La verdad no quiero aburrirte contándote más cosas malas.  Te dije que a pesar de los siglos nuestros problemas no son tan distintos. 

Le voy a decir a unos amigos que te escriban y te cuenten  cómo van poco a poco saliendo adelante.

Nacho, ojalá que nos comuniquemos más seguido y la próxima espero que me mandés tu número de teléfono para agregarte como contacto frecuente.

 ¡Buena onda!

Un joven de hoy

31 de julio de 2013

© Francisco Díaz


[i] Íñigo es una variación vasca de Eneko

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