Actividad humana

“Labor, trabajo, acción” de Hannah Arendt y “Gaudium et spes”, Constitución Pastoral[1]

Aproximación conceptual

Introducción

La actividad humana ha estado mediada por fuerzas que no siempre han buscado conservar y beneficiar a los actores.  En este sentido la pérdida de esperanza y la dificultad para recrearse humanamente en las acciones laborales diarias, permiten que se pueda reflexionar sobre tales tópicos a la luz del discurso de Hananh Arendt “Labor, trabajo, acción”, cuyos entramados conceptuales nos lanzan a criticar tales mediaciones, permitiendo proponer soluciones políticas y filosóficas que busquen un bien humano a nivel global.

Para lograr tal crítica social, me valgo de dos historias distintas en épocas pero comunes en causas, que posibilitan presentar la dificultad relacional mecanizada y programada por protocolos que obstaculizan al hombre expresarse humanamente.

El esfuerzo se centra en la explicación conceptual de “labor, trabajo, acción”, desmontando las ideas preconcebidas que no forman parte de la nueva sociedad que quiere ser habitada por filósofos y políticos que piensen en el bienestar colectivo antes que en su bien individual.

La Constitución Pastoral Gaudium et Spes, aporta significativamente a la búsqueda de Arendt por introducir en el actuar humano el concepto de globalidad y comunión familiar como aquella que permitirá el reconocimiento del “quién” y “quiénes”, condición indispensable para crear nuevas relaciones basadas en la producción de bienestar y satisfacción que sea justo para todos.

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Desarrollo

Así estamos

En Hamlet, escrita por el dramaturgo inglés William Shakespeare, dice “ser o no ser, todo el problema es ése”.  Y yo escribo para el siguiente trabajo, “hacer o no  hacer, he ahí el problema”.  Para iniciar la presentación de mis ideas argumentativas, voy a referirme a dos casos.  A continuación el primero de ellos.

A pesar de saberme adulto, me considero todavía cercano a los ambientes adolescentes fruto mi trabajo con jóvenes en varios ambientes educativos.  En tales acercamientos, pude darme cuenta de la facilidad con la que calificamos a un estudiante de bueno o malo dependiendo de la nota que ha sacado en un examen o trabajo que no pregunta ni refleja ni un ápice de su existencia integral como ser humano.  Lo escribo de esa forma pues las capacitaciones para ser un buen profesor nos “invitaban” cordialmente a sumarnos al sistema de Indicadores Verificables Objetivamente (IVO), en los cuales un estudiante era aceptable si desarrollada las destrezas o competencias necesarias para satisfacer el cuadro comparativo.  Y si no desarrollaba o integraba tales destrezas, el descenso en calificación y apreciación total también descendía.  Las preguntas que me formulé en varias ocasiones y que ahora que estoy fuera de tal contexto educativo como profesor me atrevo a lanzar y reflexionar son las siguientes: ¿un buen estudiante es también un buen ser humano?  ¿El que aprueba y llena expectativas es mejor que los demás?  ¿Salir mal en un examen significa que la vida del estudiante es un desastre?  ¿El desprecio por los malos estudiantes según el sistema es formativo o deforma al ser humano en crecimiento?

En realidad y siendo honesto, como hijo de mi época y circunstancias, no me disuenan ni crean problema aceptar e incluso fortalecer las formas de valorar la actividad de un estudiante.  Puse malas notas, regañé, mandé a traer a los papás, mandé avisos de bajas calificaciones y de apatía ante el trabajo de clase… todo lo anterior con una buena dosis de desconfianza creciente acerca del jovencito que se estaba convirtiendo en un ser humano “malo” y poco simpático según las normas educativas nacionales.

Hoy, me doy cuenta que ningún estudiante merece ser etiquetado por una mala calificación o por un desempeño bajo en tales competencias (matemática, física, química, literatura o deporte) y que un profesor no tiene el derecho de dudar del proceso de formación y crecimiento emocional y psicológico por un momento particular, minúsculo y puntual, en el cual el estudiante demuestra una actitud negativa.  Ningún ser humano tiene derecho de dudar de la capacidad de progreso y toma de conciencia de otro por el simple hecho ejercer una relación de poder de adulto a niño, de profesor a estudiante, de fuerte a débil, y los ejemplos que puedan seguir a estos contrarios.

Como señala Hannah Arendt “siempre actuamos en una red de relaciones, las consecuencias de cada acto son ilimitadas, toda acción provoca no solo una reacción sino una reacción en cadena, todo proceso es la causa de nuevos procesos impredecibles[2] En efecto, esta perspectiva nos lanza irremediablemente a ver más allá de las normas educativas que invitan a medir en base a resultados y competencias la vida de un estudiante, pues se coarta el ciclo normal de toda actuación que está interrelacionada con el entorno y con las consecuciones que los procesos susciten en forma ilimitada.  Hasta aquí la primera consideración.

Con tal de seguir avanzando en el orden de ideas, presento el segundo y último caso.

Al terminar el bachillerato mi grupo de amigos tomó diferentes rumbos.  Unos fuimos a la universidad, otros decidieron buscar el sueño americano, y muchos engrosaron las largas filas de jóvenes que no pudieron acceder a la educación superior por tal o cual motivo y presentaron petición para ingresar al mundo laboral.  La gran mayoría no tuvo el privilegio de ser llamado para trabajar, es decir, vivir explotado en el sistema explotador de humanidad.

a)     Los que venden

Uno de ellos fue aceptado en un restaurante de comida rápida, franquicia de EE.UU con un éxito rotundo en todo pueblo o capital que quiera ser moderna y globalizada.  Modernizada por la idea del consumo masivo implicando satisfacción inmediata y no a largo plazo, y globalizada, pues donde quiera que vaya puedo encontrar tal letrero y propaganda luminosa con colores sólidos invitando a la rapidez y automatización del acto digestivo.

Considero que el lector habrá nombrado un par de franquicias con tales características.

Dicen que si ese tipo de comida se deja enfriar uno o dos minutos, entonces la carne se convierte en un material similar al plástico, ¿ha hecho la prueba?  

b)    Los que compran

Cientos de personas llegan y hacer largas filas posterior a tomarse una foto con el “muñeco” de la entrada, sonriente y complacido de los clientes frecuentes.  Todos piden una de las 12 opciones.  En realidad podrían no servirles lo que pidieron e igual se aceptaría con agrado insípido.  Cientos de personas en un lugar apretado.  Van en familia pero no se hablan.  Están juntos pero no se miran.  Terminan de comer y se van.  La necesidad fue tachada del listado de cosas por hacer, además de haber cumplido con la salida familiar.  Otros son más sinceros.  Llegan solos y con 13 minutos almuerzan y van de regreso al trabajo que les ha dado media hora para nuevamente, tachar tal necesidad de la lista.  ¿Se alimentaron?

c)     Los de en medio

Son los que menos importan.  A pesar de tener el nombre escrito en el uniforme nadie lo lee.  Todos uniformados.  Todos sonríen y preguntan lo mismo.  Todos te desean ´buen viaje y vuelva pronto´.  Les enseñaron muy bien el protocolo, tan bien, que no importa quiénes son, cómo son y de dónde son, media vez actúen tal y como se les ha ordenado.  ¡Ah! Miento.  ¡Sí son importantes!  Son indispensables para que los dueños ganen dinero, y útiles para los que necesitan que limpien la mesa.  Estimado lector, ¿recuerda el nombre de algún empleado de cualquier restaurante de comida rápida?

Los que venden, compran y los de en medio, tienen mucho en común.  Todos son parte de una telaraña de relaciones humanas mediadas por la sin razón y la automatización de actitudes y discursos.  Las expresiones son tan mecánicas que un acto de rebeldía fracturaría el sistema total.  Ante tal peligro la forma de mantener opresión en la humanidad de vendedores y compradores es estableciendo una relación mediada de inicio a fin el ofrecimiento o negación de la capacidad de consumo.  Aquí entra en juego el salario, el sueldo, el pago, la quincena, etc, de cualquier forma que queramos llamarle y en la forma en que se presente, la relación es la misma; el pago es la forma en que el trabajador se dispone a disfrutar de la vida, y en esa lucha, los trabajadores “explotados” están dispuesto a sufrir y a dejarse denigrar con tal de obtener momentos placenteros fuera del horario laboral.  Arendt señala que la felicidad elemental de estar vivo es arruinada por “el agotamiento que va seguido por la desgracia, y una vida sin esfuerzo alguno, donde el aburrimiento toma el lugar del agotamiento donde los molinos de la necesidad, del consumo y de la digestión trituran despiadadamente hasta la muerte un cuerpo humano impotente”.[3]  En ese orden de ideas, el lugar de trabajo desmedido y despiadado se convierte en el espacio humano temporal en el cual se degrada al ser humano y se le coloca en el mismo nivel de una máquina expendedora de jugos y galletas.  En tal relación prima la máxima, “si no sirve, estorba, y si estorba, se elimina”[4].  Llegamos a la conclusión de ser privilegiados si somos explotados, y aquellos que no, son desafortunados.  ¿Habrá fortuna alguna en vivir explotado?

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¿Quién?

Arendt explica que “la manifestación de ´quién es alguien´ se halla implícita en el hecho de que, en cierto modo, la acción muda no existe…”[5].  Aunque nos parezca demasiado obvio, la acción realizada por el ser humano siempre lleva palabras expresadas con una intencionalidad, “quien dice las palabras, quien se identifica como el actor y anuncia lo que está haciendo, lo que ha hecho, o lo que trata de hacer[6] Tal acto de comunicación que pretende lograr relación con el otro, trata simple y sencillamente de relacionarse con otro ser humano.  Pero tal objetivo se ve truncado por el entramado relacional programado y mediado por el mercado que objetiva cada frase y conducta según protocolos establecidos.  Arendt lanza una pregunta audaz, ¿qué hacemos cuando actuamos?[7]  En ese sentido parece apropiado preguntarnos, ¿somos conscientes de lo que hacemos?  ¿Meditamos nuestras acciones?  ¿Somos responsables por nuestros actos?  ¿Somos humanos o cumplimos protocolos relacionales?

Decir que ´ser humano´ se reduce a la simple fabricación de objetos consumibles para crear placeres a consumistas, sería descartar la posibilidad de todo hombre de ir más allá de una relación mecánica digna de un robot.  Pero como no somos robots, ni mucho menos máquinas insensibles, nuestra lucha diaria contra la industrialización y mecanicismo relacional se enfoca en la certeza de que nuestras acciones pueden producir sensaciones de bienestar integral en aquel que se acerca al trabajador para requerir un servicio.  Y sabemos con certeza que el trabajo no tiene que ser siempre un aburrimiento penoso que mina nuestro día a día con acciones que no queremos ni deseamos, y que otra forma de relacionarnos con nuestro trabajo es posible si no dependiera nuestra supervivencia de un salario o pago injusto por nuestra acción o valía en tanto a lo que producimos.

Resumiendo: No es justo tratar a un estudiante como inepto cuando el objetivo de la educación es brindarle herramientas para su proceso de crecimiento integral, como tampoco es justo calcular cuánto vale el esfuerzo de un trabajador, sabiendo que la forma de reconocimiento es un salario que no le permite sonreír ni disfrutar el trabajo, fruto del ahorcamiento económico al que está desde un inicio predestinado.  ¿Podemos valorar el esfuerzo del ser humano sin darle una calificación ni un salario?  ¿Podremos cambiar el sistema de competencias y tabla salarial para permitir al ser humano vivir con dignidad?

Esa lógica revierte la idea del capitalismo y producción a granel que trata de cuantificar la mano de obra contabilizándola como necesaria para lograr objetivos, pero se olvida que los objetivos de toda producción humana es que el mismo ser humano encuentre un camino de liberación y realización plena al entrar en contacto con su trabajo, al igual que la comunicación establecida entre aquél que recibe el producto y le significa algo humano y no industrial

En cierto sentido la tecnificación de la producción ha tenido en parte la culpa de la distancia entre el producto y el sentido con el que fue producido, es decir, entre la lejanía entre el artesano que produce un producto y el consumidor cliente, ambos seres humanos.

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En camino

La búsqueda de una nueva forma de realización humana tiene varias vertientes académicas.  Saber que un trabajo puede significar alegría y dignificación debe ser una constante en el esfuerzo humano con tal de ir desechando del colectivo social que la explotación y sacrificio son necesarias para sobrevivir en este mundo relacional mecanizado

Para profundizar en el texto de Arendt, presento a continuación un gráfico que trata de mostrar los mínimos necesarios para ir en búsqueda de tal acercamiento conceptual.

Gráfica 1[8]

-clic en la imagen para agrandarla-

Gráfica 1

El gráfico presenta lo próximas que están la labor, trabajo y acción, como aquellas que juntas y relacionadas entre si, podrán permitir a la condición humana llegar a la contemplación que es entendida como “el modo de vida del filósofo que, en cuanto tal, se consideró superior al modo de vida político del ciudadano en la polis.[9]   En este orden, la vida activa se reconoce como aquella posibilitada fruto de la contemplación.  Contemplación y acción se entienden por contrarios pero se necesitan una a otra, cuando las acciones después de ser pensadas a nivel filosófico y político, logran tener un alcance y significación mayor.

Con tal explicación de Arendt vemos que la condición humana no logra satisfacción cuando permanece en lo estático, sino cuando entra en un continuo devenir histórico-humano.

Gráfica 2[10]

-clic en la imagen para agrandarla-

Gráfica 2

El gráfico 2 pretende explicitar que al reconocer la vida activa y contemplativa, las actividades humanas labor, trabajo y acción, cada una en su individualidad necesitan identificarse distintas una de la otra pero necesarias para lograr esa condición humana.

Sin reconocimiento del “quién” el proceso creador no trasciende y se queda en la actividad productiva carente de sentido para “él” y “ellos”.

Para Arendt, la acción no es el comienzo de algo, sino de alguien que puede ver más allá de lo técnico pues plantea la pregunta ¿quién eres tú?  Tal pregunta va en búsqueda de la identidad del ser humano.

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La familia humana

No se puede entender al ser humano en su individualidad.  De ser así, sería imposible comprenderle pues no habría quién relacionalmente describiera la diferencia pertinente.  Por lo tanto el término “familia humana[11]  nos lanza a pensar en el mundo entero que tiene como fin último salir de la individualidad.

En esa consolidación la búsqueda de la condición humana no puede aislarse del término religioso que busca el reconocimiento de la semejanza con Dios, que siempre está invitada a ir más allá de las propias limitaciones y disponerse a un “trabajo de forma que resulte provechoso y en servicio de la sociedad.[12]

El esfuerzo dinámico-histórico de la “dignidad humana, la unión fraterna y la libertad[13] tienen una tarea especial dentro de los valores que urgen en las relaciones sociales para que dejen fuera el sistema de exclusión individual que separa y divide al ser humano en contra de su voluntad.

Todos estamos invitados a buscar la realización social y política que ofrezca una nueva forma de convivir con los demás.  ¡Una nueva forma de ser humano es posible!

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Conclusiones

La actividad humana no puede seguir entendiéndose como aquella mediada por la necesidad de producción y consumo desmedido y enajenado.  Tal concepción le ha hecho demasiado daño a nuestras relaciones interpersonales pues menosprecian el proceso evolutivo histórico del ser humano, tratando de encasillarlo en una serie de etiquetas que no le permiten desenvolverse en el mundo y crecer en relaciones sociales acompañadas de sueños y esperanzas.

La mecanicidad de la sociedad coloca al individuo como un elemento más disponible para que el sistema social funcione.  El sistema mercantilistas pregunta, ¿cuánto tenés, cuánto valés?  A partir de esas premisas no puede sino fortalecerse la sensación de vacío en el ser humano y destinarlo a disponerse a sufrir lo que sea necesario para salir de esa categoría impuesta por la ferocidad de relaciones en las que prima el capital y no el ser humano.

Frente a esa tendencia a la mecanicidad, urge pensar en la valorización del producto artesanal que produce bienestar a aquel que lo fabrica, como la sensación de placer a quien lo disfruta.  Entonces ya no se habla de oferta y demanda, sino de otras categorías que buscan desde un inicio el reconocimiento humano de ambos que se encuentran y reconocen -como humanos- producto del dinamismo social y humano propio.

El factor determinante que nos conducirá a reflexionar sobre nuestras estructuras sociales, será el reconocimiento definitivo de los frutos hasta ahora obtenidos que son totalmente contrarios a nuestros deseos y aspiraciones.  Es interesante observar que en un mundo donde todos queremos paz, prosperidad, justicia y bienestar, pareciera que nuestras acciones desean y crear todo lo contrario.  Puede ser que nuestras palabras no sean verdaderas pues nuestros actos nos contradicen completamente.  Esto es peligroso pues puede llegar a demostrar que la psicosis en la cual estamos inmersos no nos deja espacio ni siquiera para sanar nuestra incoherencia personal.  Si todos actuáramos de forma coherente entre lo que deseamos y verbalizamos, en un porcentaje mínimo, todo cambiaría radicalmente.

Al final de todo esfuerzo social por cambiar nuestras formas de poder relacional, aparece la figura de los valores del Reino de Dios buscan la justicia e igualdad en la sociedad.

© Francisco Díaz

Video: Hannah Arendt en persona

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Bibliografía

  • Arendt, Hannah.  “Labor, trabajo, acción”, De la historia a la acción (1995): 89-107.
  • Constitución pastoral.  “Gaudium et spes”, Sobre la Iglesia en el mundo actual (1965)
  • Apuntes de clase de Teología de la Acción perceptiva y analítica.

*Trabajo elaborado para la clase de Teología de la Acción Analítica.  Profesor: Daniel Garavito Villareal.  Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia.

**Imagen tomada de internet


[1] Con tal de profundizar en aspectos conceptuales, he tomado únicamente los textos de Hannah Arendt, “Labor, trabajo, acción”, y la Gautium et Spes, para permitirme reflexionar y recrear la condición humana presentada en ambos.

[2] Hannah Arendt, De la historia de la acción, 105.

[3] Ibid., 96.

[4] Frase del popular centroamericano.

[5] Hannah Arendt, De la historia de la acción, 104.

[6] Ibid.

[7] Ibig., 89.

[8] Ibid.

[9] Ibid.

[10] Ibid., 91.

[11] Constitución pastoral, Gaudium et spes, # 33.

[12] Ibid., # 34.

[13] Ibid., # 39.

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