Mártires de la UCA ¡PRESENTES!

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La madrugada del 16 de noviembre de 1989, miembros del batallón de infantería Atlacatl, ingresaron al recinto de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), de El Salvador, y asesinaron a seis sacerdotes jesuitas y dos colaboradoras.

En cierta ocasión, mis padres viajaron de Guatemala a El Salvador. Visitamos la UCA y entramos al Centro Monseñor Romero. Recorrimos el Jardín de Rosas, lugar donde masacraron a los jesuitas, y oramos en la habitación donde “remataron” a Elba y Celina.  Pasamos por la oficina de Jon Sobrino S.J. y al finalizar la conversación nos dijo: “Lo mejor que pueden llevarse de este país, de El Salvador, es la historia y recuerdo vivo de nuestros mártires”.

Hoy quiero recordar sus nombres:

  • Elba Ramos
  • Celina Ramos
  • Ignacio Ellacuría S. J.
  • Ignacio Martín-Baró S. J.
  • Segundo Montes S. J.
  • Juan Ramón Moreno S. J.
  • Amando López S. J.
  • Joaquín López y López S. J.

¿Quiénes fueron los asesinos?

Los verdugos fueron soldados del batallón Atlacatl que obedecieron órdenes de oficiales de inteligencia que recibieron apoyo incondicional de aquellos que ocultaron información y encubrieron los hechos. Las balas que destrozaron a Elba, Celina y a los jesuitas, fueron disparadas con odio irracional bajo instrucciones precisas.

Pero los asesinos tienen nombre y apellido. Los cobardes que apretaron el gatillo y dieron las órdenes tienen rostro y responsabilidad directa en las acciones que arrebataron la vida de nuestros compañeros.

En cursiva transcribo un extracto del Caso Jesuitas que se lee en el informe del Instituto de Derechos Humanos de la UCA: 

Ávalos se ensaña con los padres Juan Ramón Moreno y Amando López. Pilijay disparó contra Ellacuría, Martín-Baró y Montes. A diez metros de distancia permanecieron Espinoza y Mendoza, según las declaraciones de los dos verdugos. Pilijay recuerda que “entre los tres señores que les disparó primero (después dio el tiro de gracia a cada uno), se encontraba el que vestía camisón café antes mencionado”. Entre los disparos, y si hacemos caso a las declaraciones de Pilijay, Martín-Baró sólo recibió el tiro de gracia. La entrada y la trayectoria de las balas hacen pensar que algunos de los padres trataron de incorporarse al comenzar la ejecución. Otros, como Martín-Baró, parecen no haberse movido para nada, manteniendo incluso los pies cruzados hasta el final, como quien se tumba en el suelo y busca una posición cómoda.

Mientras ocurría esto, Tomás Zarpate “estaba dando seguridad” (según sus propias declaraciones) a Elba y Celina. Al escuchar la voz de mando que dice “¡ya!” y los tiros subsiguientes, “también le disparó a las dos mujeres” hasta estar seguro de que estaban muertas, porque “éstas no se quejaban”.

Los asesinos demostraron ser obedientes a las órdenes del mal y ejecutaron con éxito macabro el encargo de “eliminar a Ellacuría sin dejar testigos”.

¿Qué les pedimos?

A tantos años de tan siniestro plan, es tiempo que los responsables hagan vida las palabras que una vez pronunciara nuestro Pastor Monseñor Romero: “Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado.

Por eso les decimos que ya es tiempo que demuestren real valentía y se hagan responsables de sus acciones. Ya es tiempo de que la inteligencia empleada recupere las facultades de conocer y comprender que la verdad es un paso necesario para que florezca la reconciliación y el perdón.

Ojalá que dejen de ocultarse como ratas entre los escombros de la impunidad reinante en nuestra justicia. Ojalá que un día se arrepientan de haber hecho caso omiso de las palabras proféticas de Monseñor Romero: “Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla.

Ellacuría regresó a El Salvador a pesar de las advertencias y amenazas contra su vida. Ojalá que todos los implicados en el asesinato de nuestros compañeros jesuitas y sus dos colaboradoras tengan la mitad de hombría demostrada por nuestros mártires y den la cara.

En tanto los responsables se arman de valor, estemos atentos en la procesión de Farolitos para que cuando escuchemos: ¡Mártires de la UCA! …nosotros gritemos con el corazón: ¡PRESENTES!

© Francisco Díaz

Columna publicada en Plaza Pública

*Imagen del Jardín de Rosas tomada del Centro Monseñor Romero

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