En búsqueda de la verdad

Pro-búsqueda tiene como misión ser “una asociación del movimiento de derechos humanos que realiza la búsqueda de niñas y niños desaparecidos a consecuencia del conflicto armado, que promueve sus derechos, el conocimiento de la verdad, el acceso a la justicia y la reparación integral para las personas desaparecidas y sus familiares.”

El 14 de noviembre tres hombres armados ingresaron a las instalaciones de la Asociación Pro-búsqueda de niñas y niños desaparecidos en El Salvador y prendieron fuego a los archivos, destruyeron muebles y robaron información. 

Nuevamente, ellos, los de siempre, intentaron demostrar que son fuertes y valientes.  Otra vez quisieron dejar claro que las reglas del juego las ponen ellos.  ¡Insensatos!  Creen que su acción violenta silenciará las voces de los que queremos reconciliación y perdón. 

Al robar y destruir imaginaron que la verdad y justicia se alejarían de nuestra mente y corazón.  Déjenme decirles que nuevamente se equivocaron.  Lo único que han demostrado es que tienen miedo.

¿Cuál es el miedo?  Miedo a que les llamen asesinos y cobardes.  Miedo a que su rostro aparezca como traidores en vez de héroes.  Miedo a que sus fotografías sean retiradas de salones y museos notablemente cuidados y protegidos con decretos.  Miedo a que la familia salvadoreña se reconcilie, que un hijo encuentre a su padre, que un par de hermanos se reconozcan siendo adultos, que un hijo llore por primera vez en el regazo de su madre. 

Ellos, los de siempre, tienen miedo de ver un pueblo reconciliado.  Buscar la paz y la verdad es demasiado peligroso para los hijos de la oscuridad.  Apostar por una sociedad que sane heridas es altamente preocupante para aquellos que se han aprovechado del caos reinante en las calles.  Leer con ventanas abiertas los testimonios de las víctimas es taladro ruidoso para los oídos acostumbrados a tragarse sus propios engaños tal serpiente que se ahoga en su propio veneno.

Ellos, los que no quieren ver la luz, viven en un país distinto.  El país de esos cobardes está repleto de rencores y traiciones.  El país de esos hipócritas ve con recelo la caricia de una madre pues toda expresión de bondad y ternura va en contra de sus macabras decisiones.  En el país de esos mediocres, ver cara a cara a sus propios hijos es difícil, pues la mirada inocente no es compatible con los ojos que transparentan crueldad y corrupción.

No importa que quemen los documentos o roben la información.  La verdad es más fuerte que la mentira y los valientes duplican a los cobardes.  No importa que intenten destruir la evidencia, pues todos, absolutamente todos, reconocemos que las voces de los inocentes masacrados son el más claro documento viviente que demuestra lo atroz de tales órdenes y acciones.  No son héroes, son cobardes. 

No importa que roben los discos duros, pues la inteligencia y buen juicio no desaparecerá.  Y la prueba de ello es que a 24 años del asesinato de nuestros mártires de la UCA, hombres y mujeres de todas las edades se esfuerzan día a día por mantener vivo el legado de aquellos que apostaron por analizar la realidad nacional para buscar soluciones pacíficas a los conflictos. 

Poco importa que sigan tratando de quemar las pruebas escritas de los crímenes que cometieron.  Sepan que simplemente están alargando la horrible lista de actos vandálicos a su favor. 

Si bien es cierto que no les llamamos con nombre y apellido, sabemos quienes son.  Sabemos de dónde vienen y lo qué quieren lograr con sus ideas malignas. 

Las órdenes de desaparecer toda prueba física de violaciones a los derechos humanos vino de aquellos que bien podrían sentarse en la misma mesa con los que en el pasado saciaron su sed con sangre inocente.  Los que obedecieron las órdenes e iniciaron el fuego en Pro-búsqueda, saben que los dólares recibidos no podrán brindarles paz interna ni la oportunidad de conciliar el sueño que una conciencia limpia provoca.  La maldición se la ganaron ellos mismos.  No es responsabilidad nuestra que ahora sean malditos.

Los que planearon e ingresaron a Pro-búsqueda están cometiendo los mismos errores del pasado.  ¿No han aprendido la lección?

En vez de andar sembrando confusión con macabras estrategias para cuidarse las espaldas, les pedimos que hagan gala de su valentía y hombría y ayuden a la recuperación de la memoria histórica. 

Cambiaría nuestra percepción de ellos, si describieran la forma en que planearon exterminar una comunidad campesina.  Muchos les verían de frente si contarán cómo asesinaron a Joaquín, Esteban y Petrona.  Una madre lloraría de alegría si ayudarán a ubicar el lugar donde quedó el cuerpo destrozado de Mario, Pedro y José.  Si ayudarán a encontrar a Ramón, Alicia y Catalina, irremediablemente serían parte de la solución y dejarían de ser el problema.  Serían útiles y no un estorbo.

En fin.  Estoy seguro que los que planearon el ataque a Pro-búsqueda, tanto hechores materiales como intelectuales, quieren seguir viviendo como cucarachas sorteando leyes y peticiones de grupos que abogan por los Derechos Humanos y dignidad de las víctimas.

Mientras se avanza en la investigación y se determinan responsabilidades,  es importante que repitamos una y otra vez:  “Quien olvida su historia está condenado a repetirla”.  

© Francisco Díaz

*Imagen tomada de Internet

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2 respuestas a En búsqueda de la verdad

  1. Arturo Escalante dijo:

    y si ellos querian eso?
    que el pueblo se enojara

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    • Francisco Díaz, SJ dijo:

      Hola Arturo… Ese es precisamente el problema. No sabemos lo que quieren pues no lo han dicho ni se han responsabilizado del ataque. Lo único que sabemos es que destruyeron archivos y que amarraron a las personas que encontraron. Gracias a Dios no los mataron, pues “ellos” son los que tienen las armas, la experiencia, las camionetas polarizadas y los recursos para destruir. El pueblo tiene como defensa su historia. Así que el enojo es algo ya conocido, más creo que fue una sensación de “otra vez”…
      Gracias por comentar.

      Me gusta

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