De propósitos para el año nuevo

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En el año que inicia quiero platicar más y chatear menos.  Que mi abrazo sustituya al “like” enfermizo, y que mi compañía sea real y no virtual.  Quiero ver a los demás a los ojos, en ellos aprenderé más de lo que pueden enseñarme los pixeles que van de un lado a otro en el cristal líquido de una pantalla que me obliga a subirle intensidad a la luz, sabiendo que en mi ventana el Sol me saluda todos los días sin que lo note.

Tengo el propósito de no aparentar ante la sociedad.  Salir de ese círculo vicioso que me envuelve en fantasías y me alejan de mi tierra.  Ya no quiero reforzar la idea de “tener más para ser más”.  Al final de la vida nada material nos acompañará y todo se quedará en una bodega olvidada, no así los recuerdos y momentos agradables compartidos con amigos y seres queridos.  Mientras ellos nos recuerden, viviremos eternamente.

Quiero honrar a mis padres y abrazar a mi abuela.  Que reconozca en ellos a los seres humanos que se desvelaron y soñaron verme joven y adulto.  

Ya no quiero descargar mis frustraciones en mis hijos, seres indefensos que fueron puestos a mi cuidado para que sean plenos y felices en este mundo.  Por ellos quiero ser el mejor, sin destruir su inocencia con frases de incomprensión, ni juzgar sus travesuras infantiles desde mis carencias no resueltas.  Simplemente quiero proteger y cuidar a esas personitas que son sangre de mi sangre.

Quiero encontrar el amor, compartir la vida y mi existencia toda.  Tales sentimientos no serán baratos ni novelescos, pues siempre existirá una persona esperando verme al rostro y darme la bienvenida.  Esa persona sabrá que puedo vivir sin ella, que no moriré si desaparece de mi camino y que de ningún modo es todo mi mundo.  Así caminaremos, como dos seres humanos completos unidos de la mano, compartiendo la vida que nos ha tocado vivir juntos.

Deseo aprender a respetarme.  Necesito creer en lo que soy, reconocer mis defectos y virtudes, disfrutar de mis éxitos y fracasos.  Eso lo lograré viviendo aquí y ahora, sin intentar “interpretar” vidas ajenas ni ocultar en el espejo mi verdadero rostro.

Ojalá que en el nuevo año que aparece como hoja en blanco, pueda escribir historias de solidaridad, platicar con los ancianos, jugar con los huérfanos, socorrer al migrante, dar pan al hambriento, consolar al triste y asistir al desesperado.  Que pueda escribir historias en las cuales me incluya en procesos de construcción de paz ante tanta violencia, de transparencia en medio de la corrupción y exigir justicia ante el sistema eternamente impune reinante en mi país.

En fin, si de tanto propósito me doy cuenta que sólo tengo la fortaleza de realizar uno de ellos, entonces decido ser feliz.  Despertar cada día y sentir que las noticias asesinas de esperanza nunca ganarán la batalla pues las personas con buena voluntad somos mayoría.

Y si no puedo hacer propósitos que duren un año, un mes o una semana, seguro tendré la fuerza necesaria para decidir ser mejor en cada amanecer y vivir cada puesta de sol como si fuera mi último día.

© Francisco Díaz

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