Monseñor Romero y la nueva humanidad

Urgen nuevas formas de relacionarnos entre seres humanos. Necesitamos actitudes que renueven nuestra apuesta por crecer en respeto y tolerancia para evitar nuevas estampas de dolor y muerte. En ese camino, la figura de monseñor Romero puede ser un faro de luz en las tinieblas diarias.

Hubo una época en la historia de nuestros países en que matar a otra persona estaba permitido y justificado.

Hubo un momento en que teníamos que defender nuestra ideología prohibiendo a los demás la posibilidad de pensar distinto, y aquellos que se atrevieran estaban destinados a perder las ideas junto con la vida.  Y así fue como nos dividimos en dos o más bandos, destruyendo familias, despertando rencores, atizando el odio, creciendo en locura y desprecio hacia la vida.

Hubo una época en que vestir diferentes uniformes nos hacia enemigos sin vernos a los ojos.  Nuestros jóvenes pagaron un precio muy alto pues acataron con generosidad órdenes de altos mandos que ante las estadísticas de “bajas” en sus “unidades”, se reunían a negociar la guerra con sus iguales en los mejores hoteles siendo el paladar fino el más beneficiado.

Algunos intelectuales ante las cobardes masacres de uno u otro bando pusieron al servicio de la reconciliación sus ideas y producción académica, destacándose como pensadores de la paz.  Incluso ellos fueron silenciados por los hijos del mal pues fue insoportable escuchar esa voz que pregonaba verdad y desenmascaraba oscuros intereses mezclados con narcotráfico y enriquecimiento personal.

Hubo una época en que ponerse al lado de los pobres era un crimen.  Muchos “criminales” aceptaron con gusto tal etiqueta pues resultó imposible callar ante tantas atrocidades.  Por tales razones, algunos decidieron acabar con la vida de seres humanos valiosos.  Uno de ellos es monseñor Romero, quien fue asesinado cuando presidía la Eucaristía el 24 de  marzo de 1980.  La vida y predicación profética de Monseñor transcurrió en El Salvador, pero con su asesinato se hizo pastor de la Iglesia Universal y referente de todo aquel que busque humanidad en donde parece reinar el caos y confusión.  

Si queremos construir esa humanidad nueva y aprender del pasado, debemos convertir el odio en justa reconciliación.  En ese camino nos puede ayudar el legado ofrecido por monseñor Romero, que a nivel de Iglesia esperamos su pronta canonización, y a nivel mundial las Naciones Unidas declararon el 24 de marzo como Día Internacional para el Derecho a la Verdad.

Cada día puede ser mejor que el anterior.  Sueño con un mañana poder afirmar que en mi país se respeta la vida de los demás.  Espero leer noticias en las cuales muestren estadísticamente que los homicidios bajaron y que la violencia está desapareciendo. 

Tal construcción de esa sociedad renovada necesita puntos de inflexión que nos hagan integrar nuevos valores y actitudes.  No pensemos que tales premisas son un sueño, pues así como el ser humano es capaz de crear caos, mantener rencores y eternizar el odio, estoy seguro que con la misma fortaleza podríamos crear en nuestra familia, trabajo y sociedad, relaciones basadas en el reconocimiento del otro como un ser humano que merece respeto, comprensión y tolerancia, conduciéndonos inevitablemente al diálogo como única herramienta eficaz de entender y aceptar nuestras diferencias.

Otto Meza, caricaturista salvadoreño, nos regala una imagen en la nos invita a reflexionar acerca de la justicia histórica y la compasión característica de Monseñor Romero.  En la caricatura aparece Monseñor Romero en el cielo realizando una llamada telefónica.  Y dice lo siguiente: “Hola, Roberto*.  Olvidé decirte…  Te perdono”.  ¿Cuál sería la respuesta de Roberto?

© Francisco Díaz

* “El mayor Roberto D´Aubuisson fue parte de la conspiración para asesinar a monseñor Romero” asegura el excapitán Álvaro Saravia en entrevista realizada por Carlos Dada.

Artículo publicado en Plaza Pública

Imagen tomada de internet

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