Enemigos de la guerra

En todo conflicto existen seres humanos valiosos que se resisten a ser representados e incluidos en las decisiones bélicas de unos pocos. Ellos, hombres y mujeres de bien, piden con el corazón en la mano buscar alternativas y reconciliar posturas. Las balas y bombas ahogan esas voces.

Norman Finkelstein, analista político experto en el tema relacionado con el conflicto palestino israelí, hijo de sobrevivientes de los campos de concentración Auschwitz y Majdanek, considera que no puede darle un uso utilitarista al sufrimiento personal y nacional para justificar hacerle a otros lo que una vez hicieron con ellos.

Me refiero al salto existencial y racional que el Dr. Norman expone en todo espacio donde le permitan, pues en vez de contar el dolor que le provocaron a su familia durante el exterminio, argumenta que en todo corazón de cualquier ser humano, israelita o no, deben brotar lágrimas por los palestinos inocentes asesinados.

Siguiendo el orden de ideas del Dr. Finkelstein, el salto humano al cual parece que estamos invitados todos, es a repudiar enérgicamente las acciones que acaben con la vida de personas inocentes, ya sea por los cohetes lanzados de parte de Hamas, como de los bombardeos perfectamente planeados de Israel.

Todos estamos en cierta forma pendientes de las noticias diarias concernientes al conflicto entre Israel y Palestina. Son pocos los que estando en el lugar y sin doblegar su voluntad, se dan a la tarea de cuestionar y preguntar a sus “representantes” acerca de sus decisiones y acciones. ¿Palestinos criticando Hamas? ¿Israelitas protestando contra sus fuerzas armadas? ¿Palestinos e israelitas abogando por los derechos humanos? ¿Cuántos son? ¿Qué hacen con ellos? ¿Son traidores? ¿Serán héroes?

En una columna anterior titulada Israel-Palestina: Nunca Más, traía a consideración la afirmación de la diputada radical israelí Ayelet Shaked, pues en una red social pedía la muerte de todas las madres palestinas por dar a luz a “pequeñas serpientes”. En los comentarios que siguieron a la columna, “Israelo-Palestino” y Martín Iron Y, identificaron que era urgente salir de los lenguajes extremos que excluían consensos.

Así fue como por recomendación de Iron, empecé a seguir a Michael Sappir en twitter (@msappir), quien se describe como “israeli, anti-Zionist, and Socialist. Translator, writter. Anti-Occupation, Antifa, Solidarity. Tweets mainly in Hebrew and English”, y a Elizabeth Tsurkov (@Elizrael) quien se describe como “passionate about human rights. Project director at @HRMIsrael. MA Student at Tel Aviv U. Occasional contributor for @972mag, @Mekomit & @GlobalVoices”.

Una de las fotografías de Tsurkov me dirigió hacia la web http://www.activestills.org, y en la galería del día 2 de agosto encontré la foto de Sappir con la siguiente descripción: “Israeli activist @msappir remains defiant after arrest last night for protesting against the war”. Desde entonces, sigo con atención la web de http://www.jewishvoiceforpeace.org/, que proclama su misión con las siguientes palabras: “… seeks an end to the Israeli occupation of the West Bank, Gaza Strip, and East Jerusalem; security and self-determination for Israelis and Palestinians; a just solution for Palestinian refugees based on principles established in international law; an end to violence against civilians; and peace and justice for all peoples of the Middle East”.

¿Y de Palestina? Farah Baker (@Farah_Gazan) se describe de la siguiente manera: “I’m the modern Anne Frank Gaza-Palestine 16 years old”. Baker, que desea convertirse en abogada –no en terrorista–, tuitea los bombardeos que observa desde su ventana a la espera macabra de que un día su casa sea el objetivo.

El día que las bombas de Hamas y del ejército israelí se apaguen, entonces, y sólo entonces, escucharemos las cientos de voces aún desconocidas que se resisten a participar en una guerra aunque ello implique arriesgar su propia vida. Dicho en otras palabras, los dos grupos enfrentados decidieron llamarlos enemigos por ser amigos de la paz. 

© Francisco Díaz

Artículo publicado en Plaza Pública

Imagen tomada de internet

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