Atreverse a soñar

Que la incapacidad e ineptitud de nuestros gobernantes y la desesperanza generalizada no impidan tener sueños de grandeza y luchar por hacerlos realidad.

No es un favor, es una obligación.  Practicar la solidaridad entre países es una acción urgente en la cual debe primar el reconocimiento del otro como alguien que merece tanta dignidad como la que yo deseo. 

Nunca en nuestra historia tuvimos tanta conciencia del esfuerzo y sacrificio de nuestros pueblos por salir adelante sin importar las adversidades, motivo suficiente para incluirlos en los esfuerzos que busquen resguardar nuestra humanidad y unidad latinoamericana. 

Conocer el trabajo arduo y decente de nuestros pueblos nos debe llevar a visibilizarlos.  Reconocer que a pesar de la pobreza, los sueños abundan, que a pesar de la escasez, el optimismo florece, y que a pesar de la mortalidad y desnutrición, la esperanza en un futuro mejor se robustece.  Por tales razones, vernos en estos espejos debe conducirnos a crear redes y puentes de comunicación en las cuales el bienestar y estabilidad económica no se entiendan como la acumulación de riquezas de unos pocos, sino como la satisfacción de reconocer que todo lo planeado en las estrategias económicas y en las políticas públicas repercute en el estilo de vida de todos.

Nadie.  Ningún ser humano sobre la tierra quiere vivir trabajando en algo que no ama.  Estoy seguro que de pequeños todos soñamos con vivir en plenitud, disfrutando de un trabajo que implique nuestra voluntad y deseos.  Todos queremos despertar por las mañanas y sentir que tenemos una labor en la cual invertir al máximo nuestras capacidades y destrezas, sabiendo que en definitiva, al llegar la noche, nos reconozcamos mayores en dignidad. 

Construyamos una sociedad en la cual todos trabajemos en lo que añoramos.  Que aquellos niños del campo que crecieron viendo a su papá tocar guitarra en la noche puedan tener acceso a una escuela musical pública y gratuita.  Que el joven destacado en matemáticas de un instituto urbano pueda ser becado por el gobierno como estrategia de visualizar en el futuro al posible ministro de economía.  Que vivir en un área marginal no sea impedimento para que una niña haga realidad su sueño de convertirse en doctora.  Que la ineptitud de nuestros gobernantes no sea el freno de una nación entera.

¡Imaginemos el futuro!  Tendríamos gerentes de bancos que disfrutarían sus horas laborales y harían felices a todos sus compañeros de trabajo y lucharían por crear recetas económicas en beneficio de los más pobres.  ¡Soñemos juntos!  Así tendríamos médicos cuya misión única sería la de curar el dolor de nuestros enfermos con la mirada puesta en el horizonte de una atención médica pública de calidad, en la cual el único pago sea el agradecimiento nacido del corazón.  ¡Apostemos por nuestra región!  Salgamos del pesimismo que nos vuelve perdedores antes de iniciar la carrera. 

Yo decido vivir con optimismo, ¿y vos?

© Francisco Díaz

Opinión publicada en Plaza Pública

Imagen tomada de internet

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