¿Cómo estás Guate?

Guate

Regresar a la patria y escuchar con alegre temor que todo ha cambiado, que la policía es distinta, que los políticos están irreconocibles y que la seguridad ha reconfigurado nuestra percepción de la ciudad. Ante lo inevitable de las variables, quiero alargar el sueño fugaz de sentir que estamos mejor que antes y evitar la eterna pesadilla de la realidad.

Dos años fuera de tus fronteras. 24 meses en los que por motivos académicos, la gentil y esperanzada Colombia me despertó con el aroma de otro café y arepas, me transportó en transmilenio y me brindó paisajes nuevos en los atardeceres.

Te confieso, mi querida Guate, que los primeros seis meses fueron difíciles. Puede ser que por buscar en el baúl de los recuerdos la protección hogareña, me transportara sin darme cuenta al pueblo de mis abuelos. Recorrí las calles adoquinadas de San Pedro Soloma, Huehuetenango, donde los días buenos me cubrieron de frío que ahora abraza mi memoria.

Al cumplir un año fuera de tu Eterna Primavera, y así como avanzaron los meses en mi calendario, de la misma manera me acerqué a los años de mi juventud.

En una de esas tardes bogotanas, el viento fresco me hizo viajar a Xela. Inmediatamente recorrí mis estudios de bachillerato con paradas breves en Salcajá y Totonicapán.

Arrancó el segundo año. La cuenta regresiva, sin prisas pero sí con alegría, inició psicológicamente ante la buena nueva de pasar unos días bajo tu bandera.

Conforme descontaba los meses, recordé esos años vividos en la capital. Los buses y el corre corre en la Roosevelt. El tráfico por la Martí y la San Juan. Las idas y vueltas al Hospital para acompañar a mi hermano. Los tamales en Navidad.

Y hoy, que vuelvo a tus paisajes, quiero montar los buses para ir a tomar atol al Hipódromo, caminar por el centro histórico, recorrer el mercado central, dejar que me alcancen un “shuco” frente al Liceo. Sí, también quiero ir a Cayalá, para ver si es tan tan de lo muy muy. Quiero ir a San Lucas y caminar toda la tarde en Antigua. Quiero dejarle un saludo a Miguel Ángel Asturias y visitar nuevamente el teatro que lleva su nombre.

¿Lo podré hacer sin que me roben? Si voy por la Reforma, ¿me asaltarán los ahora motorizados amigos de lo ajeno? Si monto un bus de la zona 6 hacia la Roosevelt, ¿matarán al piloto?

Guate, mi querida Guate. Regreso a tu cobijo por un mes. Quiero escuchar en boca de mis paisanos, de los chapines de a pie, cómo va el negocio. Si el salario mínimo ahora sí alcanza. Si los políticos ahora son menos ladrones y más honestos.

Deseo escuchar de mi primo que dejaron de extorsionarlo y que la Policía le brinda la seguridad necesaria. Anhelo que mis amigos de infancia me digan que eso de arriesgar su vida por cruzar una y otra vez al “norte” es cosa del pasado. Que ahora sí se puede trabajar y luchar por una vida digna en Guate. ¿Será posible? ¿Escucharé estas historias? ¿Todo ha mejorado?

Avanza el primer día. Quedan 29 para dejarte otra vez. Serán días de ensueño, de sentirme “turista” en mi propia tierra, de redescubrir la ciudad y verla con ojos inquietos, como si fuera la primera vez, y deseo, con todo el corazón, llevarme las voces que me digan que todo está mejor, que hemos avanzado, que somos más tolerantes e incluyentes.

¿Cómo estás Guate? Presto estoy a escucharte. 

© Francisco Díaz

Artículo publicado en Plaza Pública

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