IV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 1, 21-28)

IV Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

(Marcos 1, 21-28) 

¡Una enseñanza nueva con autoridad!
διδαχὴ καινὴ κατ’ ἐξουσίαν·

Jesús ha iniciado su camino bordeando el mar de Galilea y ha llamado a los primeros cuatro discípulos que dejaron sus redes para seguirle (1, 16-20). En ambos llamados vocacionales a los primeros cuatro discípulos, el común es la gran ausencia de discursos y palabras. Una frase significativa bastó para que unos abandonaran su labor, y otros dejaran a su padre y jornaleros por seguirle: “Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres” (1, 17).

Notamos inmediatamente que una de las intencionalidades del evangelista con los relatos que preceden a la perícopa del día de hoy, es que al entrar en la sinagoga, no tenemos –nuevamente- grandes discursos y palabras. Parece que la característica que desea enfatizarse es que Jesús «enseñaba» -ἐδίδασκεν- con «autoridad» -ἐξουσίαν-. Vale preguntarnos entonces, ¿qué clase de autoridad ejercía Jesús?

En nuestro relato aparece en dos ocasiones que Jesús enseñaba con «autoridad» (1, 22. 27), pero no una autoridad como la que ejercían los escribas que exigía respeto y observancia de la Ley por encima del ser humano.

La ausencia de discursos y palabras sirve de antesala para fijar nuestra atención en la curación a un endemoniado que entre gritos y agitaciones violentas (v 26) abandonó al hombre poseído al escuchar de Jesús la orden de hacer silencio y salir de él (v25).

Comprendemos entonces que la «autoridad» de Jesús no es de condenación sino de salvación, no es de esclavitud sino de libertad, no es de grandes discursos sino de realizar acciones que sorprenden y fascinan por la novedosa forma de proceder. No como los escribas – οὐχ ὡς οἱ γραμματεῖς-, no como siempre tratan los líderes religiosos al necesitado y enfermo.

Jesús, al actuar de forma única, hace que todos se pregunten de dónde viene esa manera de utilizar la autoridad. Y es precisamente esa forma nueva de enseñar con autoridad la que anima a comunidades enteras a seguir reconociéndolo como el Santo de Dios -ὁ ἅγιος τοῦ θεοῦ-.

Aquellos que viven aferrados a las formas tradicionales y estáticas de relación mediada por títulos y normas, ya no son referente para un pueblo que parece agobiado por las cargas que les han impuesto.

Jesús atrae y asombra a hombres y mujeres de hoy, pues es capaz de presentarse ante una multitud con tal «autoridad», que todos sienten que en Él encontrarán misericordia y compasión.

© Francisco Díaz

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