VI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 1, 40-45)

VI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

(Marcos 1, 40-45)

Quiero, queda limpio
θέλω, καθαρίσθητι

En la lectura de hoy, un “leproso” «λεπρὸς» se acerca a Jesús y tras arrodillarse le dice: “Si quieres, puedes limpiarme” «ὅτι ἐὰν θέλῃς δύνασαί με καθαρίσαι».

Es importante que recordemos de dónde viene Jesús y qué ha hecho para entender esta escena del evangelio.

  • Jesús llegó a Cafarnaún y al entrar en la sinagoga se puso a enseñar y curar (v 21.23).
  • Al salir de la sinagoga fue llevado a una casa donde curó a la suegra de Simón de una fiebre (v 29-31).
  • La población entera le llevó todos los enfermos y endemoniados para que los curara (v 32-34).
  • Efectivamente, Jesús curó a muchos, pero, le faltó curar al leproso (v 40). ¿Por qué?

Vale la pena preguntarnos entonces:

  • ¿Estaba en leproso en la sinagoga?
    • Parece que una persona con lepra no tenía permiso de entrar en el lugar o espacio religioso.
  • ¿Por qué no guiaron a Jesús hacia el leproso de la misma forma en que le presentaron a la suegra de Simón?
    • Nadie quería acercarse a alguien “impuro”, es decir, nadie quería verlo ni tocarlo, razón por la cual entendemos que de “todos” y de los “muchos” que Jesús curó, el leproso no fue tomado en cuenta por nadie. Recordemos que toda la población andaba tras Jesús, eso significa que el desprecio por el leproso era tan grande que nadie pensó en llamarlo o en llevarlo frente a Jesús.

Notamos la decisión valiente del leproso de acercarse a Jesús. El leproso sabe que su impureza le impide exigir al que ha curado a muchos que lo limpie de la lepra, y por eso, “arrodillándose” «γονυπετῶν», -sin verlo a los ojos-, le dice –no le reclama-: “Si quieres puedes limpiarme”.

Antes de pasar a la respuesta de Jesús, veamos por un momento las condiciones que hicieron posibles que el leproso se acercara a Jesús.

  • Jesús, además de enseñar y curar en la sinagoga, salió y fue a curar donde le pidieron.
  • Jesús curó a todos los enfermos que le llevaron y expulsó muchos demonios.
  • El momento en que parece ha terminado su trabajo con la gente que lo siguió de la sinagoga por todo el pueblo, Él mismo se pone en marcha y pide ir a otra parte (v 38).
  • En el momento en que Jesús andaba recorriendo toda Galilea, después de ir a la sinagoga, de curar a los que le piden y llevan, entonces, y sólo entonces, aparece el leproso.

Si bien hemos destacado la valentía del leproso al acercarse a Jesús, notemos que tal encuentro fue posible porque Jesús andaba –parece que pocos le acompañan- recorriendo los lugares no oficiales -fuera de la sinagoga-, y que andaba transitando las calles (v 39).

Jesús recorría las calles buscando a quien ayudar. Se pone al alcance de aquellos que han sido despreciados por el pueblo. Se deja alcanzar por aquellos que no sienten derecho de entrar a la sinagoga.

La respuesta de Jesús al leproso que pide suplicante que lo limpie es: “Quiero, queda limpio” «θέλω, καθαρίσθητι». 

En su afán de enseñar y curar, Jesús se acerca a los que son los menos importantes de la sociedad. No espera que lleguen a buscarle o que lo encuentren en los lugares oficiales. Todo lo contrario. Camina por las calles haciendo el bien.

© Francisco Díaz

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