IV Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Juan 3, 14-21)

IV Domingo de Cuaresma – Ciclo B

(Juan 3, 14-21) 

Para que todo el que cree en él tenga vida eterna
ἵνα πᾶς ὁ πιστεύων ἐν αὐτῷ ἔχῃ ζωὴν αἰώνιον

El cuarto domingo de Cuaresma nos presenta formulaciones conclusivas propias de la tradición joánica, en la cual se invita a los lectores a sopesar las decisiones propias para tener vida eterna (v16); y obrar desde la verdad para actuar como Dios quiere (v21).

Comprender y hacer vida tales conclusiones requiere que reflexionemos acerca de los episodios –estratégicamente ubicados- que preceden al evangelio de hoy.

  • La boda en Caná: Con el agua convertida en vino, inician los signos realizados por Jesús, que tienen como complemento indivisible, además de manifestar –Jesús- su gloria, que los discípulos crean en él (Jn 2,11).
  • La purificación del Templo: El evangelio de Juan ubica el inicio del ministerio público de Jesús con su intervención en el templo, en el cual reprueba la actitud de los vendedores, y, para distanciarse de los fariseos, habla de la sustitución del templo; el templo que debe ser restaurado es “el santuario de su cuerpo” (Jn 2, 21).
  • Entrevista con Nicodemo: El diálogo con el personaje representativo llamado Nicodemo, nos acerca a formulaciones que expresan la sabiduría que bien puede alcanzar cualquiera de nosotros. Nicodemo dice de Jesús: “…sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú realizas, si Dios no está con él” (Jn 3, 2).

Sirva lo anterior para interpretar que no basta creer –de palabra- ante un signo; que no es suficiente alejarnos de formas tradicionales de relacionarnos con Dios; y que nuestras propias conclusiones lógicas requieren de la sabiduría de Dios.

La invitación del evangelio parte de nuestra propia forma de vivir, pues es en nuestro día a día donde podemos preguntarnos si nuestras obras son justas y verdaderas, o son propias de quien dispone su vida para vivir en mentira y tinieblas. Sirva el juego de palabras (luz «φῶς» -tinieblas «σκότος») como aquellas que pueden animarnos a identificar sin miedos nuestras acciones, pues si estamos llenos de rencor y odio, entonces el amor y reconciliación no tienen espacio. Todo lo contrario, si nuestro corazón se dispone día a día para amar la justicia y verdad, entonces no tendremos tiempo para crear estrategias que hagan daño a los demás.

En Jn 14, 6, Tomás le dice a Jesús que no sabe el camino. Jesús responde: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Comprender y vivir esta formulación significa creer en Jesús para tener vida –no para morir-; y que Dios envió a su Hijo para salvarnos –no para juzgarnos-.

Toca preguntarnos si nuestras acciones nos llevan a dar vida y salvación a nuestros hermanos, o simplemente vivimos juzgando y condenando.

© Francisco Díaz

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