V Domingo de Cuaresma – Ciclo B (Juan 12, 20-33)

V Domingo de Cuaresma – Ciclo B

(Juan 12, 20-33)

Ha llegado la hora para que sea glorificado el Hijo del hombre
ἐλήλυθεν ἡ ὥρα ἵνα δοξασθῇ ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου

El quinto domingo del tiempo de cuaresma nos invita a retomar un relato triunfal en el cual Jesús parece que ha logrado ser conocido y buscado por todos. Con tal de comprender el éxito del cual hablamos, es necesario retroceder unos versículos:

  • Los sumos sacerdotes se dan cuenta que un “gran número” de judios seguían y creían en Jesús (Jn 12, 10).
  • Jesús entra en Jerusalén acompañado de una “numerosa muchedumbre”, quienes con palmas en las manos gritan: “¡Bendito el que viene en nombre del Señor…!” (Jn 12, 13).

Notamos a simple vista que en la narración parece que todo va muy bien; la fama de Jesús se ha extendido a tal punto que “algunos griegos” quieren verle (v20). Esto significa, que la glorificación de Jesús será revelada incluso a los no judios (samaritana, funcionario real), es decir, a todos.

Demos espacio a nuestra imaginación y procuremos recrear la escena en la cual Jesús, rodeado de una multitud de judios y no judios que le buscaban, seguían y creían en él, está a punto de anunciar que: “Ha llegado la hora para que sea glorificado el Hijo del hombre” «ἐλήλυθεν ἡ ὥρα ἵνα δοξασθῇ ὁ υἱὸς τοῦ ἀνθρώπου» (v23).

¿En qué consiste la glorificación?

Jesús nuevamente nos sorprende. Lejos de vanagloriarse por el trabajo realizado, pedir retribución y exigir que se postren ante él, explica que su exaltación o reconocimiento será cuando muera en la cruz. ¿Ser glorificado con la muerte? No nos extrañemos si este giro nos confunde, pues –incluso- la gente que escucha a Jesús tiene dificultades para comprender tal mensaje (v29.34).

En detalle el texto del evangelio nos dice lo siguiente:

  • Que el “grano de trigo” «κόκκος τοῦ σίτου» debe caer en tierra y morir para “dar mucho fruto” «πολὺν καρπὸν φέρει» (v24). Por lo tanto, para que otros tengan vida, nuestro Señor, al que hemos recibido con aplausos en Jerusalén, al que buscamos en ocasiones por interés, revela a todos que morir por dar vida a los demás, es hacer la voluntad del Padre.
  • Que si alguien pretende seguir a Jesús, que se prepare pues es posible que corra la misma suerte (v26).
  • Que la cruz será reconocida por todos (32) como lugar de encuentro, de reconciliación, de perdón y de victoria sobre el mal del mundo.

Dicho lo anterior, seguir al crucificado significa: dejar de buscar protagonismo y aprender a vivir en comunidad, evitar que todos cumplan mis caprichos y estar dispuesto a servir, ser capaz de levantar la vista y abandonar mi egocentrismo.

El día que fijemos nuestra mirada sincera en el crucificado, irremediablemente nuestra familia, amigos y comunidad se transformarán en el reflejo vivo del amor del Padre en nuestra vida.

© Francisco Díaz

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ciclo B, San Juan y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

¡Gracias por dejar tu comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.