Domingo de Ramos – Ciclo B (Marcos 14, 1-15, 47)

Domingo de Ramos – Ciclo B

(Marcos 14, 1-15, 47) 

Y Jesús dijo: Yo soy
ὁ δὲ Ἰησοῦς εἶπεν· ἐγώ εἰμι

El Domingo de Ramos presenta los capítulos 14 y 15 de Marcos. La gran coherencia literaria nos permite observar progresivamente a Jesús en relación con personajes y situaciones diversas: los que lo acompañan y después lo abandonan, los que desean su muerte, los que se burlan, y unos pocos que se apiadan de él.

Más que orientar una reflexión, dejemos que sea el texto mismo el que nos permita realizar una composición de lugar, ubicándonos en el relato, identificándonos con un personaje, sintiendo la angustia de Jesús, intentando ayudar, etc.

La propuesta es recorrer los puntos seleccionados y aprovechar de ellos para sacar algún provecho en nuestro Domingo de Ramos.

Los sumos sacerdotes y escribas quieren prender y matar a Jesús antes de la fiesta (14, 1).

  • Ante el engaño o mentira, nuestra reacción primera es intentar ocultar nuestros errores. Que mientras menos personas se den cuenta de nuestros actos, más fácil es mantener nuestra imagen de buenas personas. Podemos engañar a todos, pero engañarnos a nosotros mismos, ¿es posible?

En la casa de Simón el leproso, algunos acompañantes reprueban a una mujer que perfuma a Jesús (14, 4).

  • La envidia nos ahoga en nuestros razonamientos coléricos. Al ser testigos de un reconocimiento a un amigo o compañero de estudios, la envidia sale a flor de piel y descubre una faceta no integrada. ¿Nos alegramos ante el triunfo ajeno?

Judas acude a los sumos sacerdotes para entregar a Jesús (14, 10).

  • Judas recibe dinero por entregar a Jesús. ¿Por cuánto vendemos nuestra sonrisa y buen trato?   ¿A quién privamos de nuestra amabilidad y respeto? La lógica empresarial nos enseña que al que paga hay que tratarlo como un ser especial. ¿Y los que no pagan por nuestra atención? ¿Tratamos a nuestros familiares y amigos mejor que a los clientes?

Jesús reúne a sus discípulos, y lo primero que les dice es que uno de ellos, de los que está comiendo con él en la misma mesa, lo va a traicionar (14, 18).

  • Saber que alguien ha estado difamando tu nombre, que siente rencor, que al no comprenderte está dispuesto a traicionarte, y aún así, sabiendo todo eso, lo invitas a sentarse en la misma mesa tuya. Muchos reaccionaríamos de una manera distinta, pagando la traición con venganza, el odio con violencia. Inluso lo justificaríamos diciendo “yo no soy Jesús”. La pregunta es: ¿y si intentaras ser un poco como Jesús?

Pedro promete en dos ocasiones que está dispuesto a seguir a Jesús, e incluso morir con él de ser necesario. A pesar de tales afirmaciones, Jesús le predice a Pedro que lo negará tres veces (14, 30). Efectivamente, Pedro rompe a llorar al negar a Jesús (14, 72).

  • Es común fallar ante un compromiso. Es sano reconocernos inmersos en una cultura donde sin un contrato escrito ante abogado, nuestras solas palabras pronunciadas no valen. La reacción de Pedro al fallarle a Jesús es avergonzarse y derramar lágrimas. Y nosotros, ¿cómo reaccionamos cuando fallamos?

En Getsemaní, Jesús, acompañado de Pedro, Santiago y Juan, se dispone a hacer oración. Al terminar de orar, regresa donde sus discípulos y los encuentra dormidos –en dos ocasiones- (14, 37.40).

  • Jesús dialoga con su Padre en momentos de angustia.  Quedarnos dormidos puede significar encerrarnos en nosotros mismos, cerrar con llave nuestra habitación para que nadie nos moleste. La pantalla del celular nos atrae de tal forma que olvidamos el color de ojos de nuestros padres, hermanos, abuelos y amigos. Quedarse dormido, o hacerse el dormido, es la excusa perfecta para no ver al otro sufriendo. ¿En qué momentos me hago el dormido?

Enviados por los sumos sacerdotes, escribas y ancianos, aparece Judas con un grupo armado y lo detienen. Todos los acompañantes de Jesús huyen (14, 50).

  • Estar por interés con una persona tiene un efecto mágico; cuando me conviene aparezco, cuando no me conviene, desaparezco. ¡Así de fácil! ¿Con quiénes me relaciono por interés?

Con tal de condenar a Jesús frente al sumo sacerdote, muchos dieron testimonio falso (14, 56).

  • ¡Qué díficil es mantener una mentira! Imaginemos un padre de familia que tiene una relación fuera del matrimonio; ocultándose de los sitios conocidos, eliminando los mensajes por si uno de los hijos le pide el celular, pagando en efectivo para que no queden registrados los gastos “extras” en la tarjeta de crédito, etc.  ¿Es fácil sostener una mentira?

Jesús le responde al sumo sacerdote, que sí es el Cristo, el hijo del Bendito, razón por la cual algunos le escupieron y abofetearon, y todos juzgaron que debía morir (14, 64-65).

  • La verdad duele, pero en ocasiones ese dolor viene acompañado de alivio. Bien dice el dicho “por la verdad murió Cristo”. Pero también, por la verdad, ¡Resucitó! Muchos prefieren mantenerse en la mentira y sufrir toda la vida. ¿Qué verdad estoy ocultando?

Pilato decide preguntar a la gente si otorgar la libertad a Jesús o Barrabás. Influenciados por los sumos sacerdotes, la gente prefirió a Barrabás, gritando que Jesús debía ser crucificado (15, 15).

  • Todo está a nuestra disposición. Tenemos todo para ser constructores de paz y elegir el bien antes que el mal. Unos pocos personajes pueden servir de inspiración y motivación para ser cada día mejores. Pero pareciera que acercarnos a estas personas y a sus ideales, está prohibido o pasado de moda. Nos da vergüenza y pena que digan que pertenecemos a un grupo donde se respeta a los demás, donde estudiamos y discutimos los problemas nacionales.  Pero si andamos vagando de un lado a otro, dañando a otros, afirmando que nos vale todo, entonces estamos “en la onda”. ¿Elegimos el bien o el mal?

Los soldados le ponen una corona de espinas, lo obligan a cargar su cruz, y lo crucificaron junto a dos bandidos (15, 27).

  • Reirnos del sufrimiento ajeno. Gozar y divertirnos del más débil del salón de clases. Insultar y hacer chistes del aspecto personal de otro. ¡Eso sí que es fácil! Al burlarnos de los demás, aparecen muchos amigos y somos “cool”. ¿Y si aprendemos a respetar y ayudar al que necesita? ¿Cuántos amigos se unirán en tal causa?

Al finalizar, Padre nuestro…

© Francisco Díaz

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