II Domingo de Pascua – Ciclo B (Juan 20, 19-31)

II Domingo de Pascua – Ciclo B

(Juan 20, 19-31)

Tener vida en el nombre de él
ζωὴν ἔχητε ἐν τῷ ὀνόματι αὐτοῦ

En el domingo anterior, primero de pascua, nos aproximamos al relato del sepulcro vacío en Juan 20, 1-9. El martes leímos en el evangelio el episodio siguiente (Jn 20, 11-18), en el cual Jesús se aparece a María Magdalena. Ella va donde los discípulos y les dice, “he visto al Señor” (v18).

El evangelio de hoy da continuidad al relato (Jn 20, 19-31) y pretende dejar en claro que –además de María Magdalena- Jesús aparece resucitado a los discípulos; les muestra las manos y el costado, les habla, sopla, y ofrece el Espíritu Santo.

Ahora son los discípulos los que dicen a Tomás, “hemos visto al Señor” (v24). Ante la incredulidad de Tomás, Jesús se presenta ante los discípulos e invita a Tomás a creer.

Hasta el momento, todos han creído porque han visto y comprobado que el que se presentó ante ellos es Jesús Resucitado. Pero hay otros que sin ver creerán y podrán decir junto a Tomás “Señor mío y Dios mío” (v28).

Notamos que tenemos dos grupos de personas; los que creen porque han visto, y los que serán dichosos pues no han visto y han creído (v29).

Esta relación está marcada por las dos formas verbales que aparecen en el versículo 31; el subjuntivo presente πιστεύητε (pisteuete), que traduce «para que continuéis creyendo», «para que seáis confirmados en vuestra fe»; y el subjuntivo aoristo πιστεύσετε (pisteusete), que traduce, «para que creáis aquí y ahora», es decir, «para que seáis (verdaderos) cristianos».[1]

Estos tiempos verbales nos permiten ofrecer algunas conclusiones que resaltan el valor teológico de los versículos:

  • Los discípulos que fueron testigos de las señales realizadas por Jesús, tienen miedo y dudas para continuar viviendo acorde a las palabras de Jesús, que en definitiva consiste en amar como Él nos amó, para después amarnos unos a otros (Jn 13, 34). En estos cambios conductuales, del miedo a la valentía, es que se hace vida la enseñanza de Jesús en aquellos que han sido testigos y han creído. Entonces vivir acorde a este fundamento de fe o adhesión incondicional a Jesús es aquello que hace posible obtener la vida en él.[2]
  • Aquellos que sólo pueden acceder a las señales escritas en el libro, reciben por medio de los testigos presenciales la revelación de Jesús como Cristo, como Hijo de Dios.[3] En esta interpretación podemos identificarnos todos aquellos que estamos dispuestos a participar en la vida que Cristo ofrece. La actitud de fe[4] es la puerta de acceso tanto para los que creen tras haber visto, como para los que no fueron testigos oculares de las señales realizadas por Jesús.

En este segundo domingo de pascua, intentemos identificar qué necesitamos para fortalecer nuestra fe, o qué nos hace falta para iniciar nuestro proceso de conversión.

© Francisco Díaz

—–
[1] Barret, El evangelio según san Juan, 877.
[2] Mateos, El Evangelio de Juan, 884.
[3] Caba, Cristo, Pan de Vida, 28.
[4] Ibid.

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