III Domingo de Pascua – Ciclo B (Lucas 24, 35-48)

III Domingo de Pascua – Ciclo B

(Lucas 24, 35-48)

Vosotros sois testigos de estas cosas
ὑμεῖς μάρτυρες τούτων

El texto que precede al evangelio de hoy es el de los discípulos de Emaús (Jn 24, 13-35).

Notemos que durante el camino al pueblo llamado Emaús, dos discípulos van conversando y discutiendo acerca de lo ocurrido con Jesús el Nazoreo (v19). Uno de ellos era Cleofás, pero el segundo discípulo, según la narración, no tiene nombre.

Esta ausencia de nombre del segundo discípulo que va junto a Cleofás camino a Emaús, nos da la oportunidad de incluirnos en el relato. Que el nombre del segundo discípulo que reconoce a Jesús al partir el pan sea el nuestro.

Ubicados en la escena, el pasaje de este tercer domingo de pascua quiere dejar en claro que Jesús ha salido victorioso de la muerte. Por esa razón, se aparece a los once discípulos y a otros (los que estaban con ellos), y los saluda diciendo “La paz con vosotros” (v36). Ante el susto de algunos y las dudas de otros, les mostró las manos y los pies, y tomando un trozo de pescado, “comió delante de ellos” (v43).

Pero el relato del evangelio no termina con la alegría que causa tener nuevamente a Jesús vivo. Las escrituras que se cumplieron “que el Cristo debía padecer y resucitar” (v46), tiene una intención y objetivo claro: “que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones…” (v47).

En la composición del lugar, ver a Jesús sentarse a nuestra mesa y escuchar el saludo de paz, sin duda convierte nuestra tristeza en alegría y revive la predicación y acciones de Jesús; enseñando el amor a los enemigos, perdonando a la pecadora, invitando a ser misericordiosos, sanando leprosos y paralíticos, expulsando demonios, etc.

Pero esta alegría causada por el resucitado no es egoísta. Conlleva dentro de sí misma la invitación a mantener viva la enseñanza de Jesús. ¿Cómo lograrlo? Predicando en su nombre e invitando a la conversión, pero sobre todo, perdonando. Vivir siendo compasivos como nuestro Padre es compasivo (Jn 6, 36). ¿Estamos dispuestos a ser testigos del resucitado?

Que la alegría producida por el resucitado nos ayude a orientar desde la misericordia y el perdón nuestras decisiones y acciones diarias.

© Francisco Díaz

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