Ascensión del Señor – Ciclo B (Marcos 16, 15-20)

Ascensión del Señor – Ciclo B

(Marcos 16, 15-20)

Y ellos saliendo predicaron en todas partes
ἐκεῖνοι δὲ ἐξελθόντες ἐκήρυξαν πανταχοῦ

 Evangelio

“15 Luego les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Éstos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20 Ellos salieron a predicar por todas partes. El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que la acompañaban.”

(Biblia de Jerusalén, 2009)

El Evangelio de hoy, nos ubica en el final largo de Marcos, el cual, ya sea considerado como un añadido, o apéndice marcano, presenta dos imágenes: el encargo misionero a los discípulos, y Jesús elevado al cielo y puesto a la diestra de Dios.

Con tal de comprender de una mejor forma el encargo misionero a los discípulos, debemos retroceder unos versículos:

  • Los discípulos, “tristes y llorosos” (vv. 10), al escuchar de María Magdalena que Jesús resucitado se le había aparecido, “no le creyeron” (vv. 11).
  • Jesús se apareció a dos discípulos que iban de camino a una aldea. Al igual que María Magdalena, le comunican al resto lo sucedido, y ellos, nuevamente, “tampoco creyeron a éstos” (vv. 13).
  • Después de estos dos intentos (de María Magdalena y los dos discípulos), y ante la incredulidad, Jesús se aparece ante los once discípulos reunidos en torno a una mesa, y les echa en cara su “incredulidad y cerrazón de mente” (vv. 14). Una traducción más fiel al texto del versículo 14, sería: «ἀπιστίαν αὐτῶν καὶ σκληροκαρδίαν» “incredulidad de ellos y dureza de corazón”.

Jesús se aparece y realiza el encargo misionero de “salir a predicar por todas partes” (vv. 20), a discípulos temerosos e incrédulos. Ellos, que han compartido con Jesús experiencias de vida, previo a ser enviados a todo el mundo, lejos de ser descritos como discípulos valientes, caracterizan el temor que cada de nosotros puede sentir.

Este temor, no radica únicamente en las dificultades que puedan surgir de proclamar la Buena Nueva ante los demás, sino que se intensifica en el momento en que nuestra vida debe demostrar coherencia entre lo que decimos y hacemos. Entonces es inevitable sentir que las fuerzas propias no son suficientes.

Vivir nuestro día a día como misioneros, implica reconocer que no hemos sido enviados por nuestros muchos talentos, sino porque a pesar de reconocernos débiles y limitados, aún así, confiamos en que Aquel que nos ha llamado a vivir entre quienes nos rodean, como Buena Noticia, nos ayudará a llevar a buen término lo que por Él hemos iniciado (ver 1Tes 5, 24).

© Francisco Díaz

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