XI Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B (Marcos 4, 26-34)

XI Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B (Marcos 4, 26-34)

Como un grano de mostaza
ὡς κόκκῳ σινάπεως

Evangelio

“Parábola de la semilla que crece por sí sola

26 También decía: «El Reino de Dios es como el caso de un hombre que siembra el grano en la tierra; 27 duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. 28 La tierra da el fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega*.»

Parábola del grano de mostaza

30 Decía también: «¿Con qué podremos comparar el Reino de Dios, o con qué parábola lo explicaremos? 31 Es como un grano de mostaza que, en el momento de sembrarlo, es más pequeño que cualquier semilla que se siembra en la tierra. 32 Pero una vez sembrado, crece y se hace mayor que todas las hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.»

Conclusión de las parábolas

33 Les anunciaba la palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle. 34 No les hablaba si no era en parábolas, pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.”

(Biblia de Jerusalén, 2009) 

Reflexión

El evangelio de hoy refuerza la parábola alegórica que viene explicando Jesús por medio de la figura del sembrador (Mc 4, 1-20.26-34).

Ante diverso público, las imágenes que aparecen son las siguientes:

  • Le dice a toda la gente: un sembrador tiró la semilla en lugares distintos y produjo diversos frutos (4, 3-9).
  • Jesús explica la parábola a los que le seguían y a los Doce (4, 13-20).
  • Nuevamente le dice a toda la gente: el Reino de Dios es como un grano sembrado que crece sin que el sembrador sepa cómo (4, 26-29); y, el Reino de Dios es como un grano de mostaza, que es pequeño y luego crece y se hace fuerte (4, 30-32).

Las parábolas se relacionan con la explicación acerca de quiénes son realmente los parientes de Jesús, siendo éstos, los que le han seguido, y por lo tanto, han sido capaces de comprender su mensaje pues lo escuchan y cumplen la voluntad de Dios (Mc 3, 35).

El proceso de comprensión de la voluntad de Dios, en ocasiones inicia con pequeñas acciones que permiten cimentar fuertes y grandes esperanzas desde la fragilidad.

Esperar que los valores del Reino se noten en nuestras acciones diarias, en ocasiones serán un largo proceso, en el cual, incluso los que nos consideramos fieles seguidores de Jesús y terreno fértil para su palabra, podrá ocurrirnos como a Pedro, a quien Satanás le arrebató la firmeza y confianza puesta en Jesús (Mc 8, 32b-33).

Que en este Domingo aprendamos a valorar todo el esfuerzo que hacen nuestros hermanos de comunidad, sintiendo que el Reino de Dios no requiere de protagonistas o súper héroes, sino de seres humanos que desde su fragilidad y debilidad, decidan todos los días permanecer en la escucha atenta y gozosa de la Buena Nueva predicada por Jesús.

© Francisco Díaz

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