Conviértete y cree en el Evangelio

cuaresma

Durante la imposición de la ceniza se utiliza, entre otras, la siguiente frase bíblica: “Conviértete y cree en el Evangelio”.

Para los que asistiremos a la liturgia, parece oportuno detenernos en dicha frase y comprender el lugar que ocupa dentro de su contexto inmediato con tal de sacar algún provecho que oriente nuestra reflexión personal o comunitaria.

Conviértete y cree en el Evangelio

Notemos la siguiente división literaria del Evangelio de Marcos:

  • 1, 1-13 Presentación de Jesús
  • 1, 14-15 Sumario de la actividad de Jesús
  • 1, 16-20 Vocación de los cuatro primeros discípulos

Texto del sumario:

  • 14 Después que Juan fuese entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios:
  • 15 «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios ha llegado; convertíos y creed en la Buena Nueva.» (BJE)

El sumario recoge en dos versículos el final de la presentación de Jesús (v 14), y el inicio de su actividad pública en Galilea (v 15), siendo la llamada a sus discípulos la primera de ellas.

A nivel narrativo, el evangelista utiliza ambos versículos para que el lector fije su mirada en las obras de Jesús, personaje principal de la narración, para que al conocerle, pueda creer en Él, es decir, crea en el Evangelio y se convierta.

De tal manera que “conviértete y cree en el Evangelio”, no es punto de llegada, sino punto de partida que significa atreverse a vivir el tiempo de cuaresma con valentía y certeza.

Valentía pues reconocer nuestros errores, corregir nuestras actitudes, y reconciliarnos con nuestros enemigos (que fueron amigos), significa dejar el orgullo y la autosuficiencia.

Y certeza, pues iniciamos ese recorrido interior de reflexión cuaresmal con la convicción de que Jesús ha proclamado que Dios tiene una Buena Nueva para cada uno de nosotros, que el tiempo se ha cumplido, y que el Reino de Dios ha llegado, por lo tanto, ¡qué alegría convertirse y creer en el Evangelio!

Referencia: Guijarro, Santiago. Los cuatro evangelios.  Salamanca: Ediciones Sígueme, 2010: 224-225.

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© Francisco Díaz

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