Pasión y tumba vacía en Marcos 14-16, 8

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Imagen tomada de internet

Pasión y tumba vacía en Marcos 14-16, 8

Presento a continuación una guía de lectura de los capítulos 14 a 16 del evangelio de Marcos. El texto del evangelio en cursiva es tomado de la Biblia de Jerusalén (2009) y aparece con pequeños comentarios destacados en viñetas.

Nada sustituye el estudio del texto completo, el cual proviene de: Brown, Raymond. Introducción al Nuevo Testamento Vol I. Pg, 215-220, Unción; Última cena; pasión, crucifixión, sepultura; la tumba vacía (14,1-16, 8).

Resumen

(14, 1-16, 8)

  • 14, 1-11, bloque formado por la traición de Judas y la unción de Jesús. La unción está en el centro (concéntrico/emparedado) entre el tiempo en que las autoridades deciden arrestar a Jesús y la presentación de Judas.

Mc 141 Faltaban dos días para la Pascua y los Ázimos. Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo prenderle con engaño y matarlo. 2 Pero comentaban: «Durante la fiesta no, no sea que haya una algarada entre la gente.»

3 Estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, recostado a la mesa, vino una mujer que traía un frasco de alabastro con perfume puro de nardo*, de mucho precio; quebró el frasco y lo derramó sobre su cabeza. 4 Algunos de los presentes comentaban entre sí indignados: «¿Para qué este despilfarro de perfume? 5 Se podía haber vendido este perfume por más de trescientos denarios y habérselos dado a los pobres.» Y refunfuñaban contra ella. 6 Mas Jesús dijo: «Dejadla. ¿Por qué la molestáis, si ha hecho una obra buena conmigo? 7 Porque pobres tendréis siempre con vosotros y podréis hacerles bien cuando queráis, pero a mí no me tendréis siempre. 8 Ha hecho lo que ha podido. Se ha anticipado a embalsamar mi cuerpo para el entierro. 9 Yo os aseguro que dondequiera que se proclame la Buena Nueva, en el mundo entero, se hablará también de lo que ésta ha hecho, para que su recuerdo perdure.»

10 Entonces, Judas Iscariote, uno de los Doce, se fue donde los sumos sacerdotes para entregárselo. 11 Al oírlo ellos, se alegraron y prometieron darle dinero. A partir de entonces anduvo buscando el momento oportuno para entregarlo.

  • La unción avisa al lector que los sumos sacerdotes, escribas y Judas tendrán éxito en la intención de prender y matar a Jesús.
  • 14, 12-16, contexto ritual para la actuación de Jesús en la última cena, además, presenta la habilidad de Jesús para predecir lo que va a ocurrir, tal y como sucede al profetizar lo que harán Judas, los discípulos y Pedro.

“12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le preguntaron sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?» 13 Entonces, envió a dos de sus discípulos con este encargo: «Id a la ciudad. Os saldrá al paso un hombre con un cántaro de agua; seguidle, 14 y veréis que entra en una casa. Decid entonces al dueño: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’ 15 Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros.» 16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.”

  • 14, 17-25, narra el contexto de la primera predicción, Judas entregará a Jesús como contraste dramático de la autoentrega en el pan y vino, cuerpo y sangre.

“17 Al atardecer, llegó él con los Doce. 18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que uno de vosotros, que está comiendo conmigo, me entregará.» 19 Ellos empezaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro: «¿Acaso soy yo?» 20 Él les dijo: «Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. 21 Ciertamente el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le habría valido a ese hombre no haber nacido!»

22 Mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió, se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo.» 23 Tomó luego una copa y, después de dar las gracias, se la pasó, y bebieron todos de ella. 24 Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. 25 Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el Reino de Dios.»

  • 14, 26-52, inicia el sufrimiento en el relato marcano de la pasión. Jesús va del cenáculo al monte de los Olivos. La predicción de la huida de los discípulos y la negación de Pedro crean un tono trágico. En general Mc supera a los otros relatos al presentar con mayor detalle el fracaso y abandono.
  • La soledad de Jesús en tres pasos: se aparta del grupo, se aleja de los predilectos y cuando cae en tierra suplicando al padre que aparte el cáliz (el cual invitó a sus discípulos a beber 10, 39). Jesús encuentra en tres ocasiones durmiendo a sus discípulos; Jesús acepta en tres ocasiones que será entregado a los pecadores.
  • Un beso desencadena una secuencia larga de traición.

“26 Una vez que cantaron los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos. 27 Jesús les dijo: «Todos os vais a escandalizar, pues está escrito: Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas. 28 Pero después de mi resurrección, iré delante de vosotros a Galilea.» 29 Pedro le dijo: «Aunque todos se escandalicen, yo no.» 30 Jesús le contestó: «Yo te aseguro que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres.» 31 Pero él insistía: «Aunque tenga que morir contigo, no pienso negarte.» Lo mismo dijeron todos.

32 Fueron a una propiedad, llamada Getsemaní, y dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración.» 33 Tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. 34 Les dijo entonces: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad.» 35 Él se adelantó un poco, cayó en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. 36 Decía: «¡Abbá*, Padre!, todo es posible para ti; aparta de mí esta copa, pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.» 37 Volvió después y los encontró dormidos. Dijo entonces a Pedro: «Simón, ¿ya estás dormido?, ¿ni una hora has podido velar? 38 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» 39 Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. 40 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. Ellos no sabían qué contestarle. 41 Volvió por tercera vez y les dijo: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Sabed que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levantaos! ¡Vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca.»”

43 Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presentó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo armado con espadas y palos. Venían de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. 44 El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; detenedlo y llevadlo con cautela.» 45 Nada más llegar, se acercó a él y le dijo: «Rabbí», y le dio un beso. 46 Ellos le echaron mano y le detuvieron. 47 En esto, uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja. 48 Jesús tomó la palabra y les dijo: «¡Habéis salido a detenerme con espadas y palos, como si fuese un bandido! 49 Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero todo esto sucede para que se cumplan las Escrituras.» 50 Todos lo abandonaron y huyeron. 51 Detuvieron a un joven que le seguía cubierto sólo con un lienzo, 52 pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo*.”

  • 14, 53-15, 1, Jesús entregado a los sumos sacerdotes, ancianos y escribas, todos en el Sanedrín para decidir qué hacer con él. Marcos narra dos escenas en contraste: Jesús confiesa que es el Hijo de Dios; en la otra Pedro maldice y niega conocerlo.

53 Llevaron a Jesús ante el Sumo Sacerdote. Allí se reunieron todos los sumos sacerdotes, los ancianos y los escribas. 54 También Pedro le siguió de lejos, hasta el interior del palacio del Sumo Sacerdote; y se quedó allí sentado con los criados, calentándose al fuego. 55 Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno andaban buscando contra Jesús un testimonio para darle muerte, pero no lo encontraban. 56 Eran muchos los que lo acusaban en falso, pero los testimonios no coincidían. 57 Algunos, levantándose, dieron contra él este falso testimonio: 58 «Nosotros le oímos decir: ‘Yo destruiré este Santuario hecho por hombres y en tres días edificaré otro no hecho por hombres.’» 59 Pero tampoco en este caso coincidía su testimonio. 60 Entonces, se levantó el Sumo Sacerdote y, poniéndose en medio, preguntó a Jesús: «¿No respondes nada? ¿No oyes lo que éstos atestiguan contra ti*?» 61 Pero él seguía callado y no respondía nada. El Sumo Sacerdote le preguntó de nuevo: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito*?» “62 Jesús respondió: «Sí, yo soy; y veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Poder y venir entre las nubes del cielo.» 63 El Sumo Sacerdote se rasgó las túnicas y dijo: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué os parece?» Todos juzgaron que era reo de muerte.

65 Algunos se pusieron a escupirle; le cubrían la cara y le daban bofetadas, mientras le decían: «Adivina*.» Y los criados lo recibieron a golpes.”

66 Estando Pedro abajo, en el patio, llegó una de las criadas del Sumo Sacerdote 67 y, al ver a Pedro calentándose, lo miró atentamente y le dijo: «También tú estabas con Jesús de Nazaret.» 68 Pero él lo negó: «Ni sé ni entiendo qué dices», y salió afuera, al portal. Entonces cantó un gallo*. 69 Le vio la criada y otra vez se puso a decir a los que estaban allí: «Éste es uno de ellos.» 70 Pero él lo negó de nuevo. Poco después, los que estaban allí volvieron a decir a Pedro: «Ciertamente eres de ellos, pues además eres galileo.» 71 Pero él se puso a echar imprecaciones y a jurar: «¡Yo no conozco a ese hombre de quien habláis!» 72 Inmediatamente cantó un gallo por segunda vez. Pedro recordó entonces lo que le había dicho Jesús: «Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres.» Y rompió a llorar.

Mc 151 Pronto, al amanecer, prepararon una reunión los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y todo el Sanedrín. Y, después de haber atado a Jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. ”

  • 15, 2-20, ponen a Jesús en manos de Pilato. Paralelismo entre dos juicios; Sumo Sacerdote y Pilato preguntan ¿Eres tú el mesías, el hijo del Bendito? y ¿Eres tú el rey de los judíos? En cada juicio es condenado (Pilato no tan convencido de la culpa), como profeta por los miembros del sanedrín, y como rey de los judíos por los soldados romanos; rechazado por todos.

“2 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Él le respondió: «Sí, tú lo dices.» 3 Los sumos sacerdotes le acusaban de muchas cosas. 4 Pilato volvió a preguntarle: «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan.» 5 Pero Jesús no respondió ya nada, de suerte que Pilato estaba sorprendido.

6 Cada Fiesta les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. 7 Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. 8 Subió la gente* y se puso a pedir lo que les solía conceder. 9 Pilato les contestó: «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos*?» 10 (pues se daba cuenta de que los sumos sacerdotes lo habían entregado por envidia). 11 Pero los sumos sacerdotes incitaron a la gente a que pidiesen más bien la libertad de Barrabás. 12 Pilato insistió: «¿Y qué voy a hacer con el que llamáis el rey de los judíos?» 13 La gente volvió a gritar: «¡Crucifícalo!»

“14 Pilato les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho?» Mas ellos gritaron con más fuerza: «¡Crucifícalo!» 15 Pilato, entonces, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás. Y a Jesús, después de azotarle, lo entregó para que fuera crucificado.

16 Los soldados lo llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio, y llamaron a toda la cohorte. 17 Lo vistieron de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron. 18 Después se pusieron a saludarle: «¡Salve, rey de los judíos!»; 19 le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. 20 Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y lo sacaron fuera para crucificarlo.”

  • 15, 20b-47, hacia el Gólgota, Mc destaca la ayuda de Simón de Cirene; tras la muerte, José de Arimatea. Ambos no han tenido contacto previo con él. La descripción de Mc surge de imágenes veterotestamentarias del sufrimiento del justo; dos bebidas alcohólicas, mirra y vinagre (Pr 31, 6-7; Sal 69, 22); partición de los vestidos Sal 22, 19.
  • Mc señala tres momentos temporales; tercia, sexta, nona, cada una en aumento trágico. Tercia, tres grupos que se burlan de Jesús recordándole los temas del juicio judío, destrucción del templo y su identidad como mesías. Sexta, obscuridad cubre la tierra. Nona, único en el cual Jesús habla desde la cruz.
  • 14, 36, inicia la pasión con la plegaria en arameo y en griego.
  • 15, 34, otra oración, citando en arameo y griego el Sal 22, 2: Eloí, Eloí, lámma sabachthaní. No hay respuesta.
  • Al morir, Dios se manifiesta utilizando las mismas cuestiones ante el proceso judío; el velo de separación del Templo se rasga privando al lugar de su santidad, y un gentil lo reconoce lo que el sumo sacerdote no pudo aceptar: Verdaderamente este hombre era hijo de Dios.
  • Las mujeres sirven de conexión entre la muerte y el episodio de la resurrección. José de Arimatea, piadoso miembro del Sanedrín, no quiere incumplir el precepto de que un cuerpo no debe permanecer colgado.

21 Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo*, que volvía del campo y pasaba por allí, fue obligado a cargar con su cruz. 22 Condujeron a Jesús al lugar del Gólgota, que quiere decir Calvario.

23 Le dieron vino con mirra, pero él no lo tomó. 24 Lo crucificaron y se repartieron sus vestidos, echándolos a suertes, a ver qué se llevaba cada uno. 25 Era la hora tercia* cuando lo crucificaron. 26 Y estaba puesta la inscripción de la causa de su condena: «El rey de los judíos.» 27 Con él crucificaron a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda* [28] .

29 Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la cabeza y diciendo: «¡Eh, tú!, que destruyes el Santuario y lo levantas en tres días, 30 ¡sálvate a ti mismo bajando de la cruz!» 31 Igualmente los sumos sacerdotes se burlaban entre ellos, junto con los escribas, diciendo: «A otros salvó y a sí mismo no puede salvarse.

“32 ¡Es el Cristo, el rey de Israel!; pues que baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.» También le injuriaban los que estaban crucificados con él.

33 Llegada la hora sexta, la oscuridad cubrió toda la tierra hasta la hora nona. 34 A la hora nona gritó Jesús con fuerte voz: «Eloí, Eloí*, ¿lemá sabactaní?»,que quiere decir: «¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?»35 Al oír esto algunos de los presentes, decían: «Mirad, llama a Elías.» 36 Entonces uno fue corriendo a empapar una esponja en vinagre y, sujetándola a una caña, le ofreció de beber, diciendo: «Dejad, vamos a ver si viene Elías a descolgarlo.» 37 Pero Jesús, lanzando un fuerte grito, expiró.”

38 Entonces el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 El centurión, que estaba frente a él, al ver que había expirado de aquella manera, dijo: «Verdaderamente este hombre era hijo de Dios*.»

40 Había también unas mujeres mirando desde lejos, entre ellas María Magdalena, María la madre de Santiago el menor y de Joset, y Salomé*, 41 que le seguían y le servían cuando estaba en Galilea, y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén.

42 Ya al atardecer, como era la Preparación, es decir, la víspera del sábado, 43 vino José de Arimatea, miembro respetable del Consejo*, que esperaba también el Reino de Dios, y tuvo la valentía de entrar donde Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. 44 Se extrañó Pilato de que ya estuviese muerto y, llamando al centurión, le preguntó si había muerto hacía tiempo*; 45 informado por el centurión, concedió el cuerpo a José. “46 Éste compró una sábana y lo descolgó de la cruz; lo envolvió luego en ella y lo puso en un sepulcro que estaba excavado en roca. Finalmente hizo rodar una piedra sobre la entrada del sepulcro. 47 María Magdalena y María la de Joset se fijaron dónde lo ponían.”

  • 16, 1-8, Domingo de mañana, las mujeres con aromas para ungirlo. Sonora proclama de la resurrección, envío de parte de un joven y desobediencia de la orden de informar a Pedro.

“1 Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamarlo*. 2 Y muy de madrugada, el primer día de la semana, a la salida del sol*, fueron al sepulcro. 3 Se decían unas a otras: «¿Quién nos retirará la piedra de la puerta del sepulcro?» 4 Pero, al alzar la mirada, vieron que la piedra estaba ya retirada; y eso que era muy grande. 5 Al entrar en el sepulcro, vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. 6 Pero él les dijo: «No os asustéis; sé que buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado. Pero ha resucitado, ya no está aquí. Ved el lugar donde lo pusieron. 7 Id, sin embargo, a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea; allí lo veréis, como os dijo.» 8 Ellas salieron huyendo del sepulcro, pues un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas. Y no dijeron nada a nadie*, porque tenían miedo…”

  • 16, 9-20, ¿final perdido? ¿página que se desgajó? “Suspense” en el cual se espera que los lectores completen el texto según los indicios proporcionados en el. El final desconcertante motivó a los antiguos a tener incluso tres finales, uno de ellos es éste final largo o apéndice marcano.
  • Final largo o apéndice marcano; tres apariciones (María Magdalena, dos discípulos, once en la mesa) y la ascensión. Tras 16, 1-8, se lee en secuencia el final largo; a pesar del temor, tras la aparición, María va a los discípulos. Jesús se aparece a dos de ellos y accede a la fe. María y los discípulos lo cuentan pero nadie les cree. Finalmente, Jesús aparece a los once y los regaña por no haber creído. Tres ejemplos para exhortarnos a creer por la palabra de los apóstoles.

9 Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. 10 Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con él, que estaban tristes y llorosos. 11 Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no lo creyeron. 12 Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos, cuando iban de camino a una aldea. 13 Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos.

14 Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su cerrazón de mente, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. 15 Luego les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Éstos son los signos que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y, aunque beban veneno, no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»

19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

20 Ellos salieron a predicar por todas partes. El Señor colaboraba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que la acompañaban.”

-fin-

© Francisco Díaz, S.J.

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