El que antes nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir (Ga 1,23). Pablo y la persecución a los cristianos.  

 

El que antes nos perseguía, ahora predica la fe que en un tiempo quería destruir (Ga 1,23).

Pablo y la persecución a los cristianos

  

Notemos las diferencias en tanto al verbo que se usa en las perícopas.  En Filipenses 3, 6, se utiliza en el original griego el verbo διώκων,[1] que se traduce persiguiendo.  En Gálatas 1, 13, ἐδίωκον, que se traduce perseguía. Y en 1 Corintios 15, 9, aparece ἐδίοζα que se traduce como perseguí.  El diccionario exegético[2] traduce διώχω (diōkō), apresurarse, correr; correr en pos, andar detrás de algo, aspirar a algo, pretender algo; perseguir.  διωγμός, οῦ, ὁ (diōmos), persecución.  Y διώχτης, ου, ὁ (diōktēs), perseguidor.

En las perícopas que nos corresponden, la persecución emplea el verbo para referirse a Pablo, que pasa a ser perseguido cuando antes había sido perseguidor de la Iglesia.  Es decir.  Además de entender la persecución en su sentido original de perseguir y expulsar, o en su sentido figurado de ir tras de una persona o cosa, sirve para entender la forma en que Pablo usa de forma retrospectiva[3] su pasado.

Pablo relata en sus cartas que persiguió “a la Iglesia de Dios” [4] (1Cor 15, 9; Ga 1, 13), haciendo referencia a los cristianos situados en Jerusalén[5] (Hch 9, 2; 22, 5; 26, 10), Judea y Samaría.[6]  Se reconoce perseguidor de cristianos (Ga, 1, 13.23; 1Cor 15, 9; Flp 3,6), pero no se presenta como alguien que persiguió a muerte o que motivó a otros para que asesinaran cristianos.[7]

Lucas, en cambio, presenta por medio de una descripción más general, títulos que nos indican que Pablo, además de encarcelar multitudes (Hch 8, 3), perseguía hasta la muerte (Hch 22, 4) a los discípulos del Señor (Hch 9, 1).  Esto queda en evidencia al mencionar que Saulo, el perseguidor, ha sido puesto en una escena anterior donde aprueba hechos sangrientos, como el asesinato de Esteban (Hch 8, 1; 22, 20).

Esta forma de presentar a Pablo en los Hechos, además de explicar que el odio e ira de Pablo contra los cristianos va “in crescendo”,[8] pretende principalmente exponer que mientras más nefasta y cruel sea la figura del perseguidor, más clara y grandiosa será la acción de Cristo resucitado al transformarle en Damasco.

Ahora bien.  Tanto la imagen presentada en los Hechos como en las cartas, quieren dejar claro que el llamado llegó a Pablo en el pleno ejercicio de su actividad como perseguidor de cristianos.[9]

Es fundamental resaltar la diferencia en tanto a la descripción que hace Pablo en sus cartas, y el énfasis de los relatos lucanos en la forma de proceder contra los cristianos, pues al momento de entender su vocación, sabremos diferenciar qué acciones y formas de proceder son las que cambia.

Lucas establece la relación de Pablo junto a otras personas que se dedicaban a perseguir y encarcelar.  Con seguridad tenía un grupo[10] de referencia con los cuales discutían y se animaban mutuamente en su odio contra los cristianos.  A pesar de ubicar a Pablo como parte de este grupo posiblemente numeroso, cuyos miembros también perseguían y encarcelaban a los seguidores de Jesús, Lucas enfatiza que Pablo desarrolló una iniciativa especial[11] y que se destacó en celo y persecución frente a otros.

En este ambiente de persecución hacia los seguidores de Jesús, los sumos sacerdotes juegan un papel importante en el relato lucano.  Además de brindarle a Pablo los permisos necesarios y la autoridad[12] para encarcelar y castigar cristianos (Hch 9, 1-2; 22, 4-5; 26, 9-12), el hecho de que la autoridad reconozca y acredite a Pablo como perseguidor, expresa la clara oposición de parte de los judíos hacia el cristianismo.

En Flp 3, 6, Pablo explica que, respecto a la Ley, se considera un Fariseo.  Es precisamente esta actitud de “celo” la que lo impulsa[13] a perseguir al cristianismo que colocaba a Jesús como el centro, minusvalorando y rivalizando con el lugar que ocupaba la Torá en el judaísmo, y más que eso, oponiéndose, restándole valor,[14] o haciendo caso omiso de la Ley.[15]

Lo expuesto anteriormente nos permite indicar que Pablo perseguía a los cristianos, pues en cierto sentido conocía la fe de ellos y sabía quién era el personaje que congregaba multitudes[16] en torno a esa nueva doctrina.  Es probable que Pablo y su grupo se preocuparan por conocer a sus enemigos, razón para intuir que en el momento del acontecimiento de Damasco Pablo conociera de la vida y obra Jesús, motivo suficiente para decir que estaba “preparado”[17] para entender el llamado recibido de parte de Jesús.

En otras narraciones en las cuales el Señor resucitado aparece, los discípulos, que habían conocido a Jesús en vida, ahora lo reconocen en un estado distinto,[18] tal es el caso de María Magdalena (Jn, 11-16), los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-42), o el grupo de los once (Jn 20, 19-20).  Pablo, que no conoció a Jesús en vida, es capaz de “identificar” sin dificultad quién le habla en Damasco.

Pablo, al presentarse como perseguidor, nos permite partir de la realidad fundamental desde la cual justifica su misión.  Es decir.  Pablo no ocultó su vida pasada ni trató de “borrar” su historia.  Pablo utiliza su pasado y lo integra a su presente.  En este sentido, es necesario comprender que su historia como perseguidor de los seguidores de Jesús, se transforma en una oportunidad y no en debilidad.  Que en el momento en que Pablo recuerda el daño que provocó, lo hace para presentar a sus destinatarios su vida entera.

De esta forma, reconocemos desde Pablo, que toda predicación debe iniciar incluyendo la vida pasada, que sirve no sólo para intentar ser transparente y honesto, virtudes que posibilitan integrar la vida entera, sino que al mismo tiempo funciona como elemento que hace posible que los oyentes se identifiquen y se dispongan a iniciar procesos de transformación interior como hiciera Pablo posterior al acontecimiento de Damasco.

Pablo no ocultó los errores, al contrario, los expuso en el momento requerido no con la intención de ponerse o mostrarse como un ejemplo a seguir, sino con la idea de dejar en evidencia la fuerza e importancia de la misión a la que ha sido llamado.

Bibliografía

[1] Usamos la traducción que hace el Interlineal griego-español de Francisco Lacueva, 784.
[2] Balz, Diccionario exegético del Nuevo Testamento I, 1024.
[3] Ibid., 1026.
[4] Gnilka, Pablo de Tarso, Apóstol y testigo, 38.
[5] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 73.
[6] Fitzmyer, Los Hechos de los Apóstoles II, 15.
[7] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 66.
[8] Ibid., 68.
[9] Gnilka, Pablo de Tarso. Apóstol y testigo, 37.
[10] Ibid.
[11] Ibid., 38.
[12] Borg, El primer Pablo. La recuperación de un visionario radical, 78.
[13] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 69.
[14] Muyphy-O´Connor, Pablo, su historia, 47.
[15] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 70.
[16] Muyphy-O´Connor, Pablo, su historia, 45.
[17] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 84.
[18] Muyphy-O´Connor, Pablo, su historia, 45.

© Francisco Díaz, S.J.

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