La vocación de San Pablo en el camino hacia Damasco

La vocación de San Pablo en el camino hacia Damasco

 

Pablo, en lo relatado en sus cartas, no da muchos detalles e información del acontecimiento que transformó su vida.[1] Pablo no comenta con amplitud el proceso de su llamado a ser Apóstol, pues lo que desea destacar es que lo importante es exponer la potencia histórica de la causa del evangelio, y que lo fundamental es la misión que ha recibido y no su propia persona.[2]

Un elemento que llama nuestra atención en los relatos de la vocación de Pablo, tanto en los Hechos como en sus cartas, es que para Lucas, Pablo vio una luz del cielo y oyó la voz de Cristo (Hch 9, 3-4; 22. 6-7; 26, 13-14).  A simple vista podemos afirmar que la intención de Lucas es dejar claro que Pablo vio una luz, no al Señor; que oyó la voz de Cristo, pero no vio su rostro.[3]  En este punto Pablo relata que, en plena contradicción con Lucas, vio a Cristo (1Cor 9,1; 15, 8-9).  Este ver a Cristo es el punto de partida que utiliza Pablo para justificar llamarse apóstol, con igual autoridad que los otros apóstoles. 

La intencionalidad lucana al comentar que Pablo solamente oyó a Cristo, corresponde a la necesidad de situar a Pablo al mismo nivel y en comunión con los Doce apóstoles.[4] Pero, haciendo caso mayor a lo relatado por Pablo en sus cartas, comprendemos que Pablo vio a Jesús, al que fue crucificado (por Roma) y glorificado (por Dios).  Con esta visión vocacional, el mensaje de fe de Pablo, su teología, y el sentido de su vida, quedan plenamente justificados y, partiendo de esta comprensión, la teología progresiva en sus cartas pueden ser rastreadas de una mejor manera.

Es importante destacar que el cambio de Saulo, de perseguidor a ser apóstol, implica una llamada[5] que deja en evidencia el poder de Cristo resucitado en la vida de todo ser humano.  De esta forma, tanto en las cartas como en los Hechos, es Cristo quien toma la iniciativa de aparecerse ante Pablo (1Cor 15, 8), acontecimiento[6] que cambió todo su sistema de valores.[7]

Esto nos lleva a relacionar la vida y acciones de Pablo previas al acontecimiento de Damasco.  Para Pablo, como buen judío descendiente de una familia de la diáspora,[8] no es nada nuevo ir a los gentiles, pues así como su celo judío fariseo le hizo salir para convertir al judaísmo, ahora está pregonando el cristianismo.[9]  En otras palabras, Pablo desempeña su función dentro de la sociedad con gran entereza y convicción.  Por lo tanto, no fue por la falta de cumplimiento[10] de la Ley, lo que llevó a Pablo a asumir un proyecto distinto.

En los relatos de los Hechos, observamos que Lucas ordenó los acontecimientos y esquematizó las escenas, separando la conversión de la vocación.[11]  Esto indica que Lucas prefiere exponer un proceso de conversión, donde después de tres días de ayuno y oración (Hch 9, 9), Ananías le impone las manos y éste recobra la visión y recibe el Espíritu Santo.  Dicho de otra forma; Pablo es “bautizado” (Hch 9, 17), y tras tomar alimento y recobrar fuerzas (Hch 9, 19) le comunican que ha sido elegido.  Es decir.  En Lucas se explica primero el proceso de conversión (ayuno y oración), después el bautismo, y por último recibir la misión.[12]

En lo que coinciden tanto Pablo como los relatos lucanos, es en que pasar de ser perseguidor a apóstol del Señor, fue un acontecimiento “brusco”[13] y no un proceso o evolución espiritual que duró años. 

Lo ocurrido en camino a Damasco le permitió a Pablo orientar todo lo que había vivido y experimentado, todo lo que era hasta ese momento, al igual que su pensamiento y vida entera,[14] en torno a lo revelado por Cristo Resucitado.  Este giro en la vida de Pablo se comprende desde la preocupación misma por examinar su conciencia ante Dios,[15] argumentos que encontramos en su autoconciencia reflejada en sus escritos, donde él mismo se queja de una lucha interna en la cual quiere hacer el bien, pero es el mal el que le domina (Rm 7, 21).

Por estos motivos, Pablo no entiende lo ocurrido como conversión, sino como vocación, sustentado en la presentación que él mismo hace de su llamamiento al apostolado, nombrándose “apóstol por vocación” (Rm 1, 1), “apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios” (1Cor 1, 1; 2Cor 1, 1), “verdadero apóstol de los gentiles” (Rm 11, 13), “apóstol no por designación de los hombres ni por mediación humana alguna, sino por Jesucristo y Dios Padre” (Ga 1, 1).  Por estas razones, en el presente trabajo nos hemos inclinado por  utilizar el término vocación, tal y como lo presenta Pablo, y no conversión, como lo presenta Lucas.

Al presentar Pablo su llamamiento de esta forma, lo hace con la intención clara de situar su vocación de apóstol al mismo nivel e igualarse a los apóstoles restantes.[16]  Asistimos entonces a  uno de los puntos fundamentales de la comprensión de Pablo respecto a su vocación, que si bien reconoce el trabajo y labor de otros apóstoles, él quiere mostrar las circunstancias especiales de su llamado, en la cual es apóstol “por la gracia de Dios” (1Cor 15, 10).  De esta forma Pablo se incluye dentro de aquellos que han visto a Jesús Resucitado (1Cor 9, 1), por lo tanto, puede presentarse sin ningún problema y con la misma autoridad como cualquier otro apóstol (1Cor 15, 8). 

Pablo deja claro que él tiene derecho a llamarse “apóstol” (1Cor 9, 1-2), pero también se autocalifica como el de menor importancia, “y en último término se me apareció también a mí, que soy como un aborto.  En realidad soy el último de los apóstoles, indigno incluso de tal nombre […]” (1Cor 15, 8ss).

Es interesante hacer notar que los relatos lucanos corresponden a dramatizaciones[17] de la experiencia de Saulo camino a Damasco como perseguidor; su encuentro con Cristo resucitado, que Ananías le curara (Hch 9, 10; 22, 12) y que fuera “elegido”.  En cambio, en sus cartas, Pablo no menciona a Ananías pues destaca principalmente que su vocación viene directamente de Dios y no de seres humanos.  En Hch 26, encontramos que tampoco se menciona a Ananías.  Por lo tanto, no fue una simple conversión, sino que la gracia divina transformó completamente la vida del perseguidor de cristianos, ahora considerado un “héroe”,[18] a quien se le aparece el mismo Cristo Resucitado, razón por la cual pareciera ser el único apóstol[19] que aparece en las cartas.

Ahora bien.  En Flp 3, 7 leemos, “pero lo que antes considere ganancia, lo tengo ahora por pérdida a causa de Cristo”.  Esto supone que el acontecimiento relatado por Pablo incluye de forma asertiva que el llamado implica ser seducido, pero también dejarse seducir,[20] es decir, la decisión personal no se excluye en tanto que si ahora lo que se quiere conseguir es a Cristo, entonces se debe dejar lo que antes tenía algún valor. Pablo dejó todo lo que hasta ese momento significaba algo.  Abandonó aquello que había guiado sus acciones y certezas fundamentales. 

En ese proceso que requería lucha interior,[21] Pablo debía abandonar la Ley en tanto camino de salvación, y enfocarse completamente, sin reservas, a descubrir en su vivencia cristiana la esencia de la ley[22] mostrada en el mandamiento del amor.  Conocer de Pablo que es “el amor de Dios el que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rm 5, 5), y “que el amor de Cristo nos apremia” (2 Cor 5, 14), puede indicarnos que tales afirmaciones fundamentaron en último momento su propia comprensión de su vocación.

Al sentirse apóstol, Pablo no se queda con una predicación en la cual el centro es su arrepentimiento por el daño que hizo a los Cristianos.  Lejos queda un Pablo que se lamenta y llora frente a los gentiles por la vida aferrada a la Ley que le impedía ser libre y vivir según Cristo.  El hecho de sentirse llamado implica dar un salto de confianza desde las propias convicciones. 

Hemos leído que Pablo era un personaje instruido, que participaba activamente en la vida académica, en las discusiones de su entorno, y en la defensa de sus convicciones. Es interesante pensar que previo al acontecimiento de Damasco, Pablo conocía muy bien qué hacía y a quiénes perseguía.  Por eso en nuestro trabajo destacamos el aspecto de sentirse llamado, pues toda la energía que Pablo gastaba en sus acciones y rutinas diarias, ahora son enfocadas y tomadas para una empresa distinta.  Es decir.  No fue un cambio de un Pablo perezoso a un Pablo que ahora va caminando incansablemente de un lado a otro.  El llamado que recibe Pablo nos sitúa frente a alguien que ahora enfoca toda su energía vital en la predicación y en el seguimiento acorde a la revelación que ha recibido de parte de Jesucristo en el camino a Damasco.

Bibliografía

[1] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 77.
[2] Bornkamm, Pablo de Tarso, 59.
[3] Borg, El primer Pablo. La recuperación de un visionario radical, 78.
[4] Ibid., 80.
[5] Fitzmyer, Los Hechos de los Apóstoles II, 18.
[6] Es interesante leer en los relatos lucanos que Pablo está acompañado en el camino a Damasco.  Esto significa que él no era el único que perseguía a los seguidores de Jesús, lo cual nos hace pensar que tampoco fue el único que -posiblemente- transformó su vida y recibió un llamado.
[7] Muyphy-O´Connor, Pablo, su historia, 49.
[8] Bornkamm, Pablo de Tarso, 33.
[9] Ibid., 43.
[10] Malina, El mundo del Nuevo Testamento, 87.
[11] Gnilka, Pablo de Tarso. Apóstol y testigo, 45.
[12] Ibid., 44.
[13] Légasse, Pablo apóstol: Ensayo de biografía crítica, 87.
[14] Bruce, Pablo: apóstol de corazón liberado, 94
[15] Malina, El mundo del Nuevo Testamento, 87.
[16] Gnilka, Pablo de Tarso. Apóstol y testigo, 45.
[17] Fitzmyer, Los Hechos de los Apóstoles II, 17.
[18] Ibid., 15.
[19] Pervo, Pablo después de Pablo, 33.
[20] Gnilka, Pablo de Tarso. Apóstol y testigo, 47.
[21] Ibid., 48.
[22] Ibid., 49.

© Francisco Díaz, S.J.

Video recomendado: San Pablo camino a Damasco. Parte 1 y 2.

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2 respuestas a La vocación de San Pablo en el camino hacia Damasco

  1. maria elisa vides de lara dijo:

    Contenta y agradecida con Ud. por que estaremos en comunicación, Interesante para mi saber más acerca del Apostol Pablo. Dios le bendiga siempre.

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